aldo defelipe
Poeta recién llegado
En su recorrido, las lluvias
acechaban en charcos
astutos que prometían
un pié mojado, algunos
pedazos de cielo cautivo,
una humedad fresca.
Con el atardecer lánguido,
las altas paredes, que
no dejaban ver el sol,
encajonaban nuestros
abrazos de batón floreado
y camisa sucia.
Aún restallan risas que
ahora faltan, corridas de
pies chuecos, saltos de
un gorrión que buscaba
el nido de mis brazos.
Todo eso ya fue.
Ahora es un pasillo.
Una geométrica línea de
baldosas que lleva a
una puerta extraña.
Una servidumbre con el
pasado.
Un vuelo de gorrión.
Un nido, más allá de mis brazos.
acechaban en charcos
astutos que prometían
un pié mojado, algunos
pedazos de cielo cautivo,
una humedad fresca.
Con el atardecer lánguido,
las altas paredes, que
no dejaban ver el sol,
encajonaban nuestros
abrazos de batón floreado
y camisa sucia.
Aún restallan risas que
ahora faltan, corridas de
pies chuecos, saltos de
un gorrión que buscaba
el nido de mis brazos.
Todo eso ya fue.
Ahora es un pasillo.
Una geométrica línea de
baldosas que lleva a
una puerta extraña.
Una servidumbre con el
pasado.
Un vuelo de gorrión.
Un nido, más allá de mis brazos.
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