Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Pasión bajo la Ducha
Monótona y sensual
murmura tenue la ducha.
El agua sobre los cuerpos
se rompe en miríadas húmedas.
Al trasluz de la mampara
ambas siluetas desnudas,
sutiles y danzarinas
en líquido se dibujan.
Agua y pasión se confunden
en los labios que se juntan.
Plenas de besos ansiosos
nuestras bocas se degustan.
Como sierpes amorosas
en sicalíptica lucha
nuestras lenguas intercambian,
trozos...de fuego y azúcar.
Crece ansiedad en la carne
cual ríos bajo la lluvia.
Con el jabón las caricias
se tornan mucho más lúdicas.
Resplandeces en mis brazos
audaz y oceánica musa.
Sonrisas mojadas brillan,
súbitas... bajo la ducha.
Resbalan desde tus pechos
mis manos llenas de espuma;
continúan sobre tu vientre
más allá de tu cintura.
Suaves deslizo mis dedos
entre ambas medias lunas,
mientras gimes con placer
desde tu rosa profunda.
De pronto tu pierna izquierda
sobre mi muslo la cruzas,
buscando el firme contacto
de mi carne ardiente y dura.
Susurras cual ola en celo
cuando ansiosamente punza
mi serpiente en tus adentros...
en un goce... sin premura.
Genésico continúa
el sonido de la ducha.
Nuestros cuerpos adheridos
se complementan...¡con furia!.
Un grato sabor a cielo
al alma y la piel satura
cuando destella, sublime,
el clímax...¡bajo la ducha!.
Monótona y sensual
murmura tenue la ducha.
El agua sobre los cuerpos
se rompe en miríadas húmedas.
Al trasluz de la mampara
ambas siluetas desnudas,
sutiles y danzarinas
en líquido se dibujan.
Agua y pasión se confunden
en los labios que se juntan.
Plenas de besos ansiosos
nuestras bocas se degustan.
Como sierpes amorosas
en sicalíptica lucha
nuestras lenguas intercambian,
trozos...de fuego y azúcar.
Crece ansiedad en la carne
cual ríos bajo la lluvia.
Con el jabón las caricias
se tornan mucho más lúdicas.
Resplandeces en mis brazos
audaz y oceánica musa.
Sonrisas mojadas brillan,
súbitas... bajo la ducha.
Resbalan desde tus pechos
mis manos llenas de espuma;
continúan sobre tu vientre
más allá de tu cintura.
Suaves deslizo mis dedos
entre ambas medias lunas,
mientras gimes con placer
desde tu rosa profunda.
De pronto tu pierna izquierda
sobre mi muslo la cruzas,
buscando el firme contacto
de mi carne ardiente y dura.
Susurras cual ola en celo
cuando ansiosamente punza
mi serpiente en tus adentros...
en un goce... sin premura.
Genésico continúa
el sonido de la ducha.
Nuestros cuerpos adheridos
se complementan...¡con furia!.
Un grato sabor a cielo
al alma y la piel satura
cuando destella, sublime,
el clímax...¡bajo la ducha!.
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