En un sentido práctico te mueves
sin levantar tu cuerpo del asiento.
Mis largos ecos hoy parecen breves
y me adivinas mientras te presiento.
Me quemas con tus ojos y me llueves
en la pausa que sirve de fermento
para erizar la piel con sus relieves.
Cada latido tiene un propio acento.
Una atmósfera somos. La burbuja
traslúcida y sedienta que recrea
un universo que se expande y puja,
que crece sin control y donde sea
con tal de sucumbir por una aguja
que derrame en mi cosmos tu marea.