Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Cuanto dolo vive en el morirme a rabiar
en la pasividad de tus piernitas de senderos
cuando al pedido de mis manos se bifurcan
y sus entre veras acarician mis mejillas
cuando voy de misionero a rendirte pleitesía
en la ermita de tu alma.
Que placer cuando haces gala de tu pecho como fuelle
cerca de mi frente, valle de volcanes fracasados,
que serenidad, cuánto piélago en calma cuando te
conviertes en la sal y aguas de mis peces,
cuanta paz de campo beato piel de mis demonios
cuando sin chistar te sacrificas por placer
ante los designios de mis escandalosos desenfrenos,
cuan pasivo es tu cuerpo con el mío cuando adivinas
con vientos y mareas de tormenta que esta noche aquí
en el lecho quiero ser tu emperador,
sólo tu dueño en tu mente
y no de tus feroces convulsiones emulo de Eros.
Cuánto dolo hay en mi querer de ti respuestas
de cerril actividad con cada hueso,
en los milagros de tus labios,
en la contrición de tus deseos
y en la contracción de cada músculo.
Pero en tu voluntad pasividad completa,
claro majestad, sólo con tu venia.
. 04.12.10
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