Dark_Fairy
Poeta que considera el portal su segunda casa
El patio trasero fornica con los
albañiles que escuchan el radio
y los cerdos mitigan un poco el
acalorado frío de diciembre.
Está metida en un cuarto con
cobijas amontonadas y papeles
los cartones de huevos se meten
en cafés a sorbos y ocultos de
los visionarios, tiene las manos
como las mías, sólo que envejecidas
y perdiendo la vida.
El rey sapo se quedó en la esquina
de esa calle, esperando mi salida
él lleva una corona de ixtle y las
ancas partidas, la capa de la reina
es de hule espuma y aguas marinas.
Ese sitio está perdido entre mi
vecindario y los mapas ajenos, ese
lugar está calcado al carbón con hojas
y silencios no hechos, allá los saltamontes
buscan cobertizos para deslizarse embarrados
de embutidos que si me como, veré
múltiples luces brillantes que embriagan
y confunden.
Yo subí pocas escaleras negras
yo subí algunas escaleras de barrios
nostálgicos con departamentos ideales
si fuera el pasado, tal vez yo subí
muchas escaleras cuarteadas que se
ponían embrujadas cada que yo tiraba
una runa.
Los dibujos son igualmente espectrales
dos mujeres desnudas y blancas quitándose
las máscaras, de cabellos negros ambas
y resaltando la sensualidad misteriosa
con la que fueron hechas, amargando
la luna aceitosa que se embadurna uñas
postizas de calabazas muertas.
Decoraciones perversas de maquiavelos
inviernos, pastillas pegadas en las mesas
de centro, que se quedan duras y luego
huelen mal, como a excusados del baño
como a hongos enterrados en la cola de
un perro, como el parvovirus que mata
y que sólo deja pinturas de intestinos.
Yo la vi ahí sentada, yo la olí desde
lejos, yo toqué su hombro huesudo y
tétrico, yo quien sabe que le dije
y entonces le besé la frente, por que
en yule se invoca a la sabiduría, a la
vejez...Y a la muerte.
El techo se pone rojo y lleno de
estrellas de cemento, ropajes
adversos, inertes que me conducen
al reino del fuego ( no es el infierno )
Ni manda aquel que desconocemos.
El rey sapo está cantando, el rey
sapo está muriendo, el rey que
no es el de siempre está contento.
Pastillas pegadas a las ranuras de
las mujerucas, en las calles de antaños
vientos, por allá, por donde el mundo
prende y apaga.
( toses, gritos, pulmones desechos... )
albañiles que escuchan el radio
y los cerdos mitigan un poco el
acalorado frío de diciembre.
Está metida en un cuarto con
cobijas amontonadas y papeles
los cartones de huevos se meten
en cafés a sorbos y ocultos de
los visionarios, tiene las manos
como las mías, sólo que envejecidas
y perdiendo la vida.
El rey sapo se quedó en la esquina
de esa calle, esperando mi salida
él lleva una corona de ixtle y las
ancas partidas, la capa de la reina
es de hule espuma y aguas marinas.
Ese sitio está perdido entre mi
vecindario y los mapas ajenos, ese
lugar está calcado al carbón con hojas
y silencios no hechos, allá los saltamontes
buscan cobertizos para deslizarse embarrados
de embutidos que si me como, veré
múltiples luces brillantes que embriagan
y confunden.
Yo subí pocas escaleras negras
yo subí algunas escaleras de barrios
nostálgicos con departamentos ideales
si fuera el pasado, tal vez yo subí
muchas escaleras cuarteadas que se
ponían embrujadas cada que yo tiraba
una runa.
Los dibujos son igualmente espectrales
dos mujeres desnudas y blancas quitándose
las máscaras, de cabellos negros ambas
y resaltando la sensualidad misteriosa
con la que fueron hechas, amargando
la luna aceitosa que se embadurna uñas
postizas de calabazas muertas.
Decoraciones perversas de maquiavelos
inviernos, pastillas pegadas en las mesas
de centro, que se quedan duras y luego
huelen mal, como a excusados del baño
como a hongos enterrados en la cola de
un perro, como el parvovirus que mata
y que sólo deja pinturas de intestinos.
Yo la vi ahí sentada, yo la olí desde
lejos, yo toqué su hombro huesudo y
tétrico, yo quien sabe que le dije
y entonces le besé la frente, por que
en yule se invoca a la sabiduría, a la
vejez...Y a la muerte.
El techo se pone rojo y lleno de
estrellas de cemento, ropajes
adversos, inertes que me conducen
al reino del fuego ( no es el infierno )
Ni manda aquel que desconocemos.
El rey sapo está cantando, el rey
sapo está muriendo, el rey que
no es el de siempre está contento.
Pastillas pegadas a las ranuras de
las mujerucas, en las calles de antaños
vientos, por allá, por donde el mundo
prende y apaga.
( toses, gritos, pulmones desechos... )
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