Sobre la vieja y olvidada repisa reposa un muñeco de la niña ya desahuciado, la pierna quebrada, la piel cuarteada, la cara surcada de arrugas, un parpado abatido, una muesca triste en su macilento rostro que quiere aparentar una sonrisa alegre sin dejar de ser una grotesco intento por parecer contento.
Aún recuerda el día que la niña lo cogió por primera vez entre sus delicadas e inocentes manos, lo abrazó y lo besó delicadamente y lo acurrucó contra su pecho y lo llamó "Mi niño", entonces el viejo muñeco era joven, brioso, bello, gallardo y pinturero, con una sonrisa llena de salero que irradiaba alegría por el mundo entero.
Y desde su abandono mira tristemente los nuevos entretenimientos de su antaño inseparable compañera, y lo entiende, y lo comprende; y reza cada día no ya por volver a ser lo que no volverá ser, no, solo teme que un día cualquiera se acuerde él y lo arroje, quizás al perro que jugando con él, lo morderá y lo descuartizará y lo hará trizas.
¡Triste y patético muñeco que acobardado y sumiso espera su inevitable fin "
Aún recuerda el día que la niña lo cogió por primera vez entre sus delicadas e inocentes manos, lo abrazó y lo besó delicadamente y lo acurrucó contra su pecho y lo llamó "Mi niño", entonces el viejo muñeco era joven, brioso, bello, gallardo y pinturero, con una sonrisa llena de salero que irradiaba alegría por el mundo entero.
Y desde su abandono mira tristemente los nuevos entretenimientos de su antaño inseparable compañera, y lo entiende, y lo comprende; y reza cada día no ya por volver a ser lo que no volverá ser, no, solo teme que un día cualquiera se acuerde él y lo arroje, quizás al perro que jugando con él, lo morderá y lo descuartizará y lo hará trizas.
¡Triste y patético muñeco que acobardado y sumiso espera su inevitable fin "