abcd
Poeta adicto al portal
Los transeúntes me asustan, los esquivo,
ellos avanzan, yo parezco siempre retroceder.
En las pupilas llevo umbrales... todo me resulta lejano,
negro,
el amor y los pozos en el pecho ahuyentan los gatos de mis pies,
mil perros ladran y esto es lujuria, aquello es piel.
Al caminar, al tropezar en tantos rostros que no quiero mirar
la angustia me cruza los latidos
y muerdo y desnudo árboles, paredes,
todo dolor resulta indiferente, toda la ciudad es de un material indiferente.
Pienso. Sueño despierto y pienso.
Mis manos recuerdan el vértigo de tocar sus manos,
las señales indescifrables en su mirada,
el aura virgen de su fuego rubio, tenue y frágil
y que sin embargo es frenético e impiadoso cuando me acerco.
¡Abeja, araña, luna enfurecida!
¿Cómo abrir lo que no se ve?
¿Cómo cerrar las puertas y quedarme contigo,
entreabiertos, con los pies de la mano, con las almas apretadas?
¿Cómo despintar el horizonte y desconocernos en el negro olvido?
Los transeúntes me asustan. Pausa.
ellos avanzan, yo parezco siempre retroceder.
En las pupilas llevo umbrales... todo me resulta lejano,
negro,
el amor y los pozos en el pecho ahuyentan los gatos de mis pies,
mil perros ladran y esto es lujuria, aquello es piel.
Al caminar, al tropezar en tantos rostros que no quiero mirar
la angustia me cruza los latidos
y muerdo y desnudo árboles, paredes,
todo dolor resulta indiferente, toda la ciudad es de un material indiferente.
Pienso. Sueño despierto y pienso.
Mis manos recuerdan el vértigo de tocar sus manos,
las señales indescifrables en su mirada,
el aura virgen de su fuego rubio, tenue y frágil
y que sin embargo es frenético e impiadoso cuando me acerco.
¡Abeja, araña, luna enfurecida!
¿Cómo abrir lo que no se ve?
¿Cómo cerrar las puertas y quedarme contigo,
entreabiertos, con los pies de la mano, con las almas apretadas?
¿Cómo despintar el horizonte y desconocernos en el negro olvido?
Los transeúntes me asustan. Pausa.
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