Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Pavo real
Lavaban a mano,
cuidaban la vaca,
bebían su leche,
hacían buen queso.
Mataban al cerdo,
rezaban rosarios;
hacían milagros los santos,
inocentes del pueblo.
Había un cura,
algún que otro sabio,
y alguno escondido,
detrás del armario.
Habían diez mulas,
y cinco o seis carros;
habían dos machos con brío
que no conseguían atarlos.
Había una iglesia,
y un urinario;
había un pozo tan ciego,
que ya era un dios,
y quería matarlos.
Había un rey
de larga melena;
los otros, esclavos,
coronilla mostraban
de pelos ya calvos.
Era feliz toda grey,
contando sus penas y penas,
era ignorancia en los pavos;
reales vivían su fe,
ficticia, su vida en los prados.
Con sumo cuidado,
y tanto sostén,
venían las gentes de al lado,
vestidos de gala por quién,
cumplía cien años contados;
réquiem de un viejo acabado,
cuya creencia daba traspiés
descubiertos los falsos milagros.
La cinta, de la frente al ombligo,
de hombro, a hombro;
un rezo furtivo,
señal en cruz que se nombra;
y un panal de rica miel,
dulzor que me alfombra,
descubriendo este pastel
cuya guinda en rojo asombra.