La piel suave
se pinta de lunarcitos marrones.
Las arruguitas finas
recorren las manos blancas
entrelazándose con las azules venas
dándole relieve
al envés de las delgadas extremidades.
Los dedos
bailan ágiles al son de la voz,
o detrás de un quehacer cualquiera.
Se afanan a veces
entre la tierra de las plantas;
pelean con el teclado del ordenador.
Disfrutan siempre
con las caricias lentas,
cálidas.
son la ejecución de mis pensamientos,
la prolongación de muchos de mis deseos,
la desazón de algunos roces
y pedacitos de amor.
se pinta de lunarcitos marrones.
Las arruguitas finas
recorren las manos blancas
entrelazándose con las azules venas
dándole relieve
al envés de las delgadas extremidades.
Los dedos
bailan ágiles al son de la voz,
o detrás de un quehacer cualquiera.
Se afanan a veces
entre la tierra de las plantas;
pelean con el teclado del ordenador.
Disfrutan siempre
con las caricias lentas,
cálidas.
son la ejecución de mis pensamientos,
la prolongación de muchos de mis deseos,
la desazón de algunos roces
y pedacitos de amor.