Péndulo mitad

errante xilos

Poeta recién llegado
En una mañana,
en un simple sonido de dedos y de piel rocosa,
en una tarde,
en una hermosa y lejana noche,
en un dilema,
en una certeza,
en un podio...

O en el mismo suelo...

Partiendo en un pedazo de luna,
viajando hacia el menesteroso valle de la pereza,
en un reino nocturno,
con un motivo resguardado por las manos del futuro...

Solo...

Invisible,
remendado,
confiando en la esperanza que prodiga una aguja,
en la destreza del sastre,
en la posibilidad de la muerte,
en la incertidumbre de ultratumba...

Solo y con una sombra desgastada,
un faro paupérrimo,
una mañana sin ánimos de reinar,
un sol deprimido,
un río que no acaba en el mar,
que acaba en un duro monte oriental...

Sea el puño,
sea la gracia,
sea el arma que sea,
la sustancia que caiga en estas manos,
el deterioro o el desarrollo,
sea lo que sea que bañe o hiera,
alimente o envenene,
sea la piedra
o el agua,
la flama o la tormenta,
sea quien sea que tome esta existencia...

Sea quien seas tú...

¿Me dirás adiós...?

O me enterrarás en un triste hoyo,
en un posible foso sin consagrar,
conformándote con la fiereza del segundo,
con la firmeza de la hora,
qué me lleva más al fondo...

Sea quién seas...

¡Sea quién sea el que se calce esas sandalias...!
 
Última edición:
En una mañana,
en un simple sonido de dedos y de piel rocosa,
en una tarde,
en una hermosa y lejana noche,
en un dilema,
en una certeza,
en un podio...

O en el mismo suelo...

Partiendo en un pedazo de luna,
viajando hacia el menesteroso valle de la pereza,
en un reino nocturno,
con un motivo resguardado por las manos del futuro...

Solo...

Invisible,
remendado,
confiando en la esperanza que prodiga una aguja,
en la destreza del sastre,
en la posibilidad de la muerte,
en la incertidumbre de ultratumba...

Solo y con una sombra desgastada,
un faro paupérrimo,
una mañana sin ánimos de reinar,
un sol deprimido,
un río que no acaba en el mar,
que acaba en un duro monte oriental...

Sea el puño,
sea la gracia,
sea el arma que sea,
la sustancia que caiga en estas manos,
el deterioro o el desarrollo,
sea lo que sea que bañe o hiera,
alimente o envenene,
sea la piedra
o el agua,
la flama o la tormenta,
sea quien sea que tome esta existencia...

Sea quien seas tú...

¿Me dirás adiós...?

O me enterrarás en un triste hoyo,
en un posible foso sin consagrar...

Sea quién seas...

¡Sea quién sea quién calce esas sandalias...!
Hay pasajes que nos dejan un mensaje

Grato leerle
 
Siempre estaremos a tiempo de escribir ese poema que nos confirme entre los grandes. Un saludo. Luis
 

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