Funámbula Peperina
Poeta recién llegado
"Cuando me dijiste:
todo está bien, muñeco; no pasa nada,
me dieron muchas ganas de llorar".
todo está bien, muñeco; no pasa nada,
me dieron muchas ganas de llorar".
Qué fácil se pinta todo de tu color.
Y duele, muñeco, el cómo echas raíces
-en la sangre-.
Porque este espacio en que apareces no era el tuyo
y a mi silencio lo penetra el lenguaje de la Imposibilidad.
Viniste a quemar mis abismos y a vaciar pájaros voraces en mi nombre
que no era muerte, ni poema, ni flor.
Era yo puro Tiempo silente.
Ahora no tengo manos, tu cabello las ha devorado;
de mis huesos queda la noche etérea con su mitología
y mi voz luciérnaga te hace brotar.
La humedad me perfora el pellejo,
en mi boca esculpes una batalla, es decir,
el recuerdo de tu presencia dentro.
Qué fácil se pinta todo de ti;
mis ojos suspiran el desvanecimiento de la tierra
entre las páginas de un calendario ardiente
y la taquicardia de un idioma primigenio.
Lo único que no se olvida es mi vendaval,
el torrente que capitaneas y nos ahoga
o me hace naufragar en algo que ya no es mi cuerpo.
[Voy caminando trémula,
atravesando el horizonte -arriba-,
donde todo es de tu color;
y si me caigo
quiero creer que estarás ahí
pintando el espacio de negro o sombra o sierpe.
Y si me caigo quiero gritar sostenme,
aunque ya ni el miedo sea excusa.
Si me caigo, vale,
las redes se volvieron tu océano;
soy una cárcel ambulante
o un preso que camina.
Condenada a la fuga,
me derramaré sobre tu espalda,
se me volará el corazón como girándula.]
Todo estará bien,
apretaremos el tiempo entre los dientes un ratito
mientras los dedos chupan el sabor del tabaco con la pereza
que procede del espasmo y el descenso.
Luego, con lo que quede de nosotros,
nos pondremos a llorar.
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