Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
tal vez no debieron ser mis manos
en tu piel de noche tibia,
en tu mar de ojos,
de palabras,
de boca y pezones,
tal vez no debió quebrarse mi mirada tuya
ni mi verbo en tu palabra,
tal vez no debió mi boca haber sido
en tu cuello cueva abierta de ladrones
intentando contagiarte de mí aliento,
tal vez no debiste ser un espejismo en
mis pupilas, ni dolor de amor en el costado
izquierdo de mis ruegos.
Quisiera ser titiritero, mago,
o simplemente el relator de mi pasar
por éste mundo y variar el rumbo de lo
hecho desde el día previo al conocerte
y escribir como memoria el haberme
quedado plantado en la estación esperando
a que llegaras y que no llegaras y después
recordar la cama fría y no tibia,
seca y no como la dejaste,
sola y sin nosotros,
y sembrar en éste año un nuevo calendario
con un mayo menos mentiroso sin pecados para ti,
ni los sueños de tormenta que en mis ojos
sucedieron como eterna penitencia.
. 30.8.11 en una tarde después de ver entre la multitud del metro una hirsuta cabellera cual, de león, una espalda delicada de tres cuartas justas, un andar de mar con un perfume tenue como rosas y después saber que un espejismo es también una mentira.
Última edición: