Jesus Arriaza
Poeta recién llegado
Acusan las viejas, calles sentenciosas,
qué peregrino cabizbajo, en penitente soledad,
con la mancha de tus labios entre mis neuronas,
buscando tu mirada en todo lo que llegue a brillar.
Se equivoca el susurro de los árboles al insinuar,
que yo sin ti me muero,
porque sigo vivo pese a la distancia,
que separa mis deseos de la realidad.
Acumula la magullada, almohada mía,
los retratos pasajeros que a medianoche suelo pintar,
a punta de pensar, quizá demasiado,
en el mundo tan solo nuestro, que dejamos escapar.
No sé yo, si algún día te borraré,
si entre mis vértebras brotará el pensamiento,
el impulso, el rencor para arrancarte tiernamente,
cuál niño a una flor.
Hoy por hoy te recuerdo,
no tanto por necesidad, no tanto por tristeza,
más bien por la fugaz certeza,
de que nos volveremos a encontrar.
qué peregrino cabizbajo, en penitente soledad,
con la mancha de tus labios entre mis neuronas,
buscando tu mirada en todo lo que llegue a brillar.
Se equivoca el susurro de los árboles al insinuar,
que yo sin ti me muero,
porque sigo vivo pese a la distancia,
que separa mis deseos de la realidad.
Acumula la magullada, almohada mía,
los retratos pasajeros que a medianoche suelo pintar,
a punta de pensar, quizá demasiado,
en el mundo tan solo nuestro, que dejamos escapar.
No sé yo, si algún día te borraré,
si entre mis vértebras brotará el pensamiento,
el impulso, el rencor para arrancarte tiernamente,
cuál niño a una flor.
Hoy por hoy te recuerdo,
no tanto por necesidad, no tanto por tristeza,
más bien por la fugaz certeza,
de que nos volveremos a encontrar.