Felipe Antonio Santorelli
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un trino asfixiado
una llama opaca
una sombra tenue
una luz incierta.
Una mirada atenta
otra mirada inquieta
un olor a hojas quemadas
otro olor parrillero.
Un sorbo de paciencia
una gota de esperanza
un llanto en medio de los gritos
un grito ahogado por el llanto.
Los muebles sin barniz
las sillas, los curules,
las fuerzas del desdén
las ganas de surgir...
Ventanas que se cierran
ventanas que se abren
y puertas giratorias.
Y vamos y volvemos
de nuevo y otra vez.
La vida que se agota
día tras día, gota a gota
los besos del olvido
los ojos del recuerdo
Los dimes y diretes
y luego los suspiros
se llenan de pulmones
vaciados por el tiempo.
El tiempo.
Las horas siguiendo a los segundos
Los días encerrados en el año
Los años sufriendo cada siglo.
Y el siglo, qué mito es este siglo.
Orgullo de un pasado romántico,
esperanza de un futuro utópico,
promesa del presente cibernético
informático, plástico y robótico.
Y el trinar continúa
en este apacible paraje
sin el bullicio citadino.
Parece casi una fábula,
una imposibilidad astuta,
una plaga mitológica
está humanidad ruidosa
de la que formó parte.
Pensamientos incoherentes
desdibujando realidades
inexpresivas
anestéticas
y vulgares.
una llama opaca
una sombra tenue
una luz incierta.
Una mirada atenta
otra mirada inquieta
un olor a hojas quemadas
otro olor parrillero.
Un sorbo de paciencia
una gota de esperanza
un llanto en medio de los gritos
un grito ahogado por el llanto.
Los muebles sin barniz
las sillas, los curules,
las fuerzas del desdén
las ganas de surgir...
Ventanas que se cierran
ventanas que se abren
y puertas giratorias.
Y vamos y volvemos
de nuevo y otra vez.
La vida que se agota
día tras día, gota a gota
los besos del olvido
los ojos del recuerdo
Los dimes y diretes
y luego los suspiros
se llenan de pulmones
vaciados por el tiempo.
El tiempo.
Las horas siguiendo a los segundos
Los días encerrados en el año
Los años sufriendo cada siglo.
Y el siglo, qué mito es este siglo.
Orgullo de un pasado romántico,
esperanza de un futuro utópico,
promesa del presente cibernético
informático, plástico y robótico.
Y el trinar continúa
en este apacible paraje
sin el bullicio citadino.
Parece casi una fábula,
una imposibilidad astuta,
una plaga mitológica
está humanidad ruidosa
de la que formó parte.
Pensamientos incoherentes
desdibujando realidades
inexpresivas
anestéticas
y vulgares.