Ictiandro
Poeta adicto al portal
Nunca imaginé la sombra
de los umbrales imposibles,
tal vez no conocía la vida
o al menos respiraba pero no vivía.
Sentado frente al mar
descubrí lugares comunes,
rostros distorsionados de angustia,
la sílaba congelada de ausencias
abrazada a la soledad con miedo.
La lluvia siempre fue el origen
de mis estados gripales y fiebres,
nunca antes de un doble arcoiris
desembocado en ruinas silvestres.
Tal vez mi oftalmólogo se equivocaba
cuando decidió extirpar el oxígeno de mis ojos.
Nunca imaginé la selva citadina,
la dormidera arrancada de la esperanza
y los cientos de autos que me atropellaron
sin conocimiento de causas y leyes.
Avanzo desde mi umbral ciego,
con paso ramificado de colores sin sol,
cada pastilla es bálsamo nocturno
si ante lo desconocido que me despierta
deambulo pensándome renacido
entre espinas, brisas y encéfalos.
de los umbrales imposibles,
tal vez no conocía la vida
o al menos respiraba pero no vivía.
Sentado frente al mar
descubrí lugares comunes,
rostros distorsionados de angustia,
la sílaba congelada de ausencias
abrazada a la soledad con miedo.
La lluvia siempre fue el origen
de mis estados gripales y fiebres,
nunca antes de un doble arcoiris
desembocado en ruinas silvestres.
Tal vez mi oftalmólogo se equivocaba
cuando decidió extirpar el oxígeno de mis ojos.
Nunca imaginé la selva citadina,
la dormidera arrancada de la esperanza
y los cientos de autos que me atropellaron
sin conocimiento de causas y leyes.
Avanzo desde mi umbral ciego,
con paso ramificado de colores sin sol,
cada pastilla es bálsamo nocturno
si ante lo desconocido que me despierta
deambulo pensándome renacido
entre espinas, brisas y encéfalos.