Penúltima demencia

Enfermedad de Chagas

Poeta recién llegado
Estar demente y amarte son dos cosas.
Son dos cosas, verás, dos peces, son distintas.
Un cadáver de rana en medio de ellas.
Verde y enamorado, duerme y duerme
con estacas en su mandíbula.
Y a mitad de esta rana resulta que hay un pozo
sangrando un raro aroma a adrenalina.
Hay un vidrio entonces, con forma de corazón de escamas.
Y hay un grillo que sueña con silencios sin chispas.
Cuando se levanta un hombrecillo diminuto a observar desde la orilla del mutismo
caen sus notas de carne y en mi sueño se inflama.
Somos música, mi única familia.
Flotando alrededor de dos costillas innumerables.
Vencidas
estampadas
Flotando alrededor de mis costillas, de sus mitades.
Ay, de día violines callan
como recién disparados.
Nacen de sus encías; raíces que envuelven y acorralan mis estacas.
Que envuelven mis dos manos que sujetan mis dos estacas.
Y envuelven dos sogas que amarran mis manos alrededor de mis estacas.
Y amarran dos extremos suicidados de una soga y después de ella ya no hay sombra.
Otra estaca está clavada en un césped de cielo.
Y otra estaca, además, en una vena feliz.
Y ambas ululan sin mí, sin nadie.
Ambas aúllan…
Con sus corazones engrapados.
Sin ellos/ Con ellos.
Sencillas sus gargantas que a sus aguas oprimen
(en ellas crecen microscópicas orugas sin fin).
Arpas deshabitadas.
Tambores asesinados venenosamente.
Tiemblan.
Tiemblan.
Están tumbados encima de un inframundo nevado.
Están encima de un féretro gangrenoso de flautas.
Flautas ebrias y ebrias y ebrias mi amor.
Todos están allí por nuestro atómico amor.
Ellos tantean mi saliva de anhelo de oleaje.
Tantean mi alma que es un rostro crucificado.
Y yo no estoy demente, enfermo.
Y yo ya no me enamoro de mi manera de despedirte.
Soy como un viento que agita muros doblados.
Soy como un solo pellizco de viento.
Cada día que muero me desarmo.
Me quedo ya varado en un sitio de cuerpos.
No son cuerpos ya, sino huesos.
No son, sin más, seres ahorcados y vagabundos.
Nadan en un campo de ranas y cráteres.
Yo te quiero.
Te quise, te quisiera.
Estoy demente y revivo cada vez que me miras.
Hace falta un pozo negro en donde saborear mis manos
que no son manos, que son rejas de vidrio submarino
que son algas
de no verte.
Son guantes mordidos encima de una mesa química.
Tienen besos con forma de vértigo o palíndromo
y ojeras de no caerse cada vez que gritan.
Estar demente y amarte son dos cosas...
Cada vez más imposibles.
Más vencidas.
Más con la actitud de un vicio religioso.
Junto yo mis manos en medio de una rana
y hay dos clavos de madera en medio de ella.
Y hay en medio de ella sogas en mis manos
y hay en medio de mis manos un torbellino de vísceras.
Yo te amo y estoy enloquecido
No te amo.
Miro mi reflejo atravesar tus aguas.
(Estar muerto y erosionarse son dos cosas).
Yo solo soy como un charco sin viento.
Yo solo soy un solo ser que no se salva
de vivir demente y de vivir de amarte y de dormir inundado.
 
Estar demente y amarte son dos cosas.
Son dos cosas, verás, dos peces, son distintas.
Un cadáver de rana en medio de ellas.
Verde y enamorado, duerme y duerme
con estacas en su mandíbula.
Y a mitad de esta rana resulta que hay un pozo
sangrando un raro aroma a adrenalina.
Hay un vidrio entonces, con forma de corazón de escamas.
Y hay un grillo que sueña con silencios sin chispas.
Cuando se levanta un hombrecillo diminuto a observar desde la orilla del mutismo
caen sus notas de carne y en mi sueño se inflama.
Somos música, mi única familia.
Flotando alrededor de dos costillas innumerables.
Vencidas
estampadas
Flotando alrededor de mis costillas, de sus mitades.
Ay, de día violines callan
como recién disparados.
Nacen de sus encías; raíces que envuelven y acorralan mis estacas.
Que envuelven mis dos manos que sujetan mis dos estacas.
Y envuelven dos sogas que amarran mis manos alrededor de mis estacas.
Y amarran dos extremos suicidados de una soga y después de ella ya no hay sombra.
Otra estaca está clavada en un césped de cielo.
Y otra estaca, además, en una vena feliz.
Y ambas ululan sin mí, sin nadie.
Ambas aúllan…
Con sus corazones engrapados.
Sin ellos/ Con ellos.
Sencillas sus gargantas que a sus aguas oprimen
(en ellas crecen microscópicas orugas sin fin).
Arpas deshabitadas.
Tambores asesinados venenosamente.
Tiemblan.
Tiemblan.
Están tumbados encima de un inframundo nevado.
Están encima de un féretro gangrenoso de flautas.
Flautas ebrias y ebrias y ebrias mi amor.
Todos están allí por nuestro atómico amor.
Ellos tantean mi saliva de anhelo de oleaje.
Tantean mi alma que es un rostro crucificado.
Y yo no estoy demente, enfermo.
Y yo ya no me enamoro de mi manera de despedirte.
Soy como un viento que agita muros doblados.
Soy como un solo pellizco de viento.
Cada día que muero me desarmo.
Me quedo ya varado en un sitio de cuerpos.
No son cuerpos ya, sino huesos.
No son, sin más, seres ahorcados y vagabundos.
Nadan en un campo de ranas y cráteres.
Yo te quiero.
Te quise, te quisiera.
Estoy demente y revivo cada vez que me miras.
Hace falta un pozo negro en donde saborear mis manos
que no son manos, que son rejas de vidrio submarino
que son algas
de no verte.
Son guantes mordidos encima de una mesa química.
Tienen besos con forma de vértigo o palíndromo
y ojeras de no caerse cada vez que gritan.
Estar demente y amarte son dos cosas...
Cada vez más imposibles.
Más vencidas.
Más con la actitud de un vicio religioso.
Junto yo mis manos en medio de una rana
y hay dos clavos de madera en medio de ella.
Y hay en medio de ella sogas en mis manos
y hay en medio de mis manos un torbellino de vísceras.
Yo te amo y estoy enloquecido
No te amo.
Miro mi reflejo atravesar tus aguas.
(Estar muerto y erosionarse son dos cosas).
Yo solo soy como un charco sin viento.
Yo solo soy un solo ser que no se salva
de vivir demente y de vivir de amarte y de dormir inundado.
amor y locura que se conjugan en tu poema...
ojo hay muchas mayúsculas... saludos
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba