Pepe se ha ido muriendo a trozos

Évano

Libre, sin dioses.
Bajo el banco, frente a la frutería, yace
el dedo gordo del pie derecho; encima están
las manos cortadas, sin huellas ni sangre, abiertas,
esperando portar la fruta que nunca compraron;

brazos y hombros cuelgan
de la barandilla de una escalera,
con su camisa a cuadros aún
y su bolsillo guardando tabaco de liar
y una libreta con un Bic azul
de punta fina enganchado a ella;

un poco más abajo, en el balcón del primer piso,
encima del estanco, hay una pierna, la izquierda;
la derecha andará buscando aquellas bambas
deportivas que tanto le gustaban;

la boca ya sé dónde buscarla,
en el bar, frente al buzón de correos
-ahí está, encima de un taburete de la barra-,
le van arrojando tragos por inercia
mientras la boca se abre y se cierra
como un pez fuera del agua;

el hígado, en la papelera, bajo la ventana del bar;
y los riñones, franqueados en un sobre de correos
sin empresa destinataria ni destino que se sepa.

Casi todo el barrio busca como loco la cabeza,
a sus ojos, sus orejas, sus cabellos. Su cráneo.

Me río mientras Flai olfatea y mea
el dedo gordo del pie derecho de Pepe.
Me río porque Pepe nunca tuvo cráneo,
ni cabeza ni ojos ni oídos.

Pepe se ha ido muriendo a trozos.

Yo he vuelto a encontrar su libreta de poemas
con su Bic azul de punta fina enganchado a ella.

Escribía sus poemas sentado en el banco
que hay frente a la frutería,
o bajo el estanco,
o sentado en el taburete de la barra del bar
que está al lado del buzón de correos,
o apoyado en la barandilla de la escalera
que sirve de apoyo para entrar o salir del barrio,

Pepe se ha ido y solo queda
su libreta, su Bic azul
y un montón de píxeles alimentando
a la gente que entra y sale
de un servidor cualquiera.





Gracias por leer
y por pensar.
 
Última edición:
Bajo el banco, frente a la frutería, yace
el dedo gordo del pie derecho; encima están
las manos cortadas, sin huellas ni sangre, abiertas,
esperando portar la fruta que nunca compraron;
brazos y hombros cuelgan
de la barandilla de una escalera,
con su camisa a cuadros aún
y su bolsillo guardando tabaco de liar
y una libreta con un Bic azul de punta fina enganchado a ella;
un poco más abajo, en el balcón del primer piso,
encima del estanco, hay una pierna, la izquierda;
la derecha andará buscando aquellas bambas
deportivas que tanto le gustaban;
la boca ya sé dónde buscarla,
en el bar, frente al buzón de correos
-ahí está, encima de un taburete de la barra-,
le van arrojando tragos por inercia
mientras la boca se abre y se cierra como un pez fuera del agua;
el hígado, en la papelera, bajo la ventana del bar;
y los riñones, franqueados en un sobre de correos
sin empresa destinataria ni destino que se sepa.

Casi todo el barrio busca como loco la cabeza,
a sus ojos, sus orejas, sus cabellos. Su cráneo.

Me río mientras Flai olfatea y mea
el dedo gordo del pie derecho de Pepe.
Me río porque Pepe nunca tuvo cráneo,
ni cabeza ni ojos ni oídos.

Pepe se ha ido muriendo a trozos.

Yo he vuelto a encontrar su libreta de poemas
con su Bic azul de punta fina enganchado a ella.

Escribía sus poemas sentado en el banco
que hay frente a la frutería,
o bajo el estanco,
o sentado en el taburete de la barra del bar
que está al lado del buzón de correos,
o apoyado en la barandilla de la escalera
que sirve de apoyo para entrar o salir del barrio,

Pepe se ha ido y solo queda
su libreta, su Bic azul
y un montón de píxeles alimentando
a la gente que entra y sale
de un servidor cualquiera.





Gracias por leer
y por pensar.
Al final las personas serán recordadas por su esencia y por las huellas que hayan dejado en los demás.
Fue un gusto leerte, saludos y feliz tarde.
 
Bajo el banco, frente a la frutería, yace
el dedo gordo del pie derecho; encima están
las manos cortadas, sin huellas ni sangre, abiertas,
esperando portar la fruta que nunca compraron;
brazos y hombros cuelgan
de la barandilla de una escalera,
con su camisa a cuadros aún
y su bolsillo guardando tabaco de liar
y una libreta con un Bic azul de punta fina enganchado a ella;
un poco más abajo, en el balcón del primer piso,
encima del estanco, hay una pierna, la izquierda;
la derecha andará buscando aquellas bambas
deportivas que tanto le gustaban;
la boca ya sé dónde buscarla,
en el bar, frente al buzón de correos
-ahí está, encima de un taburete de la barra-,
le van arrojando tragos por inercia
mientras la boca se abre y se cierra como un pez fuera del agua;
el hígado, en la papelera, bajo la ventana del bar;
y los riñones, franqueados en un sobre de correos
sin empresa destinataria ni destino que se sepa.

Casi todo el barrio busca como loco la cabeza,
a sus ojos, sus orejas, sus cabellos. Su cráneo.

Me río mientras Flai olfatea y mea
el dedo gordo del pie derecho de Pepe.
Me río porque Pepe nunca tuvo cráneo,
ni cabeza ni ojos ni oídos.

Pepe se ha ido muriendo a trozos.

Yo he vuelto a encontrar su libreta de poemas
con su Bic azul de punta fina enganchado a ella.

Escribía sus poemas sentado en el banco
que hay frente a la frutería,
o bajo el estanco,
o sentado en el taburete de la barra del bar
que está al lado del buzón de correos,
o apoyado en la barandilla de la escalera
que sirve de apoyo para entrar o salir del barrio,

Pepe se ha ido y solo queda
su libreta, su Bic azul
y un montón de píxeles alimentando
a la gente que entra y sale
de un servidor cualquiera.





Gracias por leer
y por pensar.
Me ha gustado su descripción con un tono macabro y surrealista.

Saludos
 
¿Al final solo quedará de nosotros "un montón de píxeles alimentando a la gente que entra y sale de un servidor cualquiera"? ... jóder, que mal rollo, jeje :oops::p
Buen y original poema, señor Vicente, me gustó. A las buenas noches, caballero.
 
¿Al final solo quedará de nosotros "un montón de píxeles alimentando a la gente que entra y sale de un servidor cualquiera"? ... jóder, que mal rollo, jeje :oops::p
Buen y original poema, señor Vicente, me gustó. A las buenas noches, caballero.

Bona nit, señor Libra Luis. Pero piense que a lo mejor no es mal rollo, seguiremos vivos, y más cuando la IA en su estado de Singularidad pueda reencarnarnos. Dicen que será como Dios, o con más capacidades que Él, que podrá, incluso, llevarnos a otras dimensiones.

Buenos, lo dejo aquí que me conozco y no paro.

Salud2, futuro agüelete reencarnado.
 
Última edición:
Bona nit, señor Libra Luis. Pero piense que a lo mejor no es mal rollo, seguiremos vivos, y más cuando la IA en su estado de Singularidad pueda reencarnarnos. Dicen que será como Dios, o con más capacidades que Él, que podrá, incluso, llevarnos a otras dimensiones.

Buenos, lo dejo aquí que me conozco y no paro.

Salud2, futuro agüelete reencarnado.

Pues no sé qué decirle, ... como reencarne a ciertos elementos estamos apañados :eek: Pero usted siga dándole al coco que le veo bastante inspirao últimamente :)
 
Bajo el banco, frente a la frutería, yace
el dedo gordo del pie derecho; encima están
las manos cortadas, sin huellas ni sangre, abiertas,
esperando portar la fruta que nunca compraron;

brazos y hombros cuelgan
de la barandilla de una escalera,
con su camisa a cuadros aún
y su bolsillo guardando tabaco de liar
y una libreta con un Bic azul
de punta fina enganchado a ella;

un poco más abajo, en el balcón del primer piso,
encima del estanco, hay una pierna, la izquierda;
la derecha andará buscando aquellas bambas
deportivas que tanto le gustaban;

la boca ya sé dónde buscarla,
en el bar, frente al buzón de correos
-ahí está, encima de un taburete de la barra-,
le van arrojando tragos por inercia
mientras la boca se abre y se cierra
como un pez fuera del agua;

el hígado, en la papelera, bajo la ventana del bar;
y los riñones, franqueados en un sobre de correos
sin empresa destinataria ni destino que se sepa.

Casi todo el barrio busca como loco la cabeza,
a sus ojos, sus orejas, sus cabellos. Su cráneo.

Me río mientras Flai olfatea y mea
el dedo gordo del pie derecho de Pepe.
Me río porque Pepe nunca tuvo cráneo,
ni cabeza ni ojos ni oídos.

Pepe se ha ido muriendo a trozos.

Yo he vuelto a encontrar su libreta de poemas
con su Bic azul de punta fina enganchado a ella.

Escribía sus poemas sentado en el banco
que hay frente a la frutería,
o bajo el estanco,
o sentado en el taburete de la barra del bar
que está al lado del buzón de correos,
o apoyado en la barandilla de la escalera
que sirve de apoyo para entrar o salir del barrio,

Pepe se ha ido y solo queda
su libreta, su Bic azul
y un montón de píxeles alimentando
a la gente que entra y sale
de un servidor cualquiera.





Gracias por leer
y por pensar.
Profundo e inusual. Un gusto leerte
 

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