Percepción

elbosco

Poeta fiel al portal
Como muchos sabrán, vivo en una isla en el Delta del Paraná. Una de las cosas que más me conmueven desde que vivo aquí es la forma en como muta todo. No solo cada estación, sino cada día suele tener su peculiaridad, y cada hora del día es muy distinta a la anterior y a la de los otros días.
En la isla, el entorno y el paisaje cambian constantemente. Esta singularidad es la contracara de estar tan expuesto al clima, a la marea, al viento y a cada estación del año. En verano la vegetación y el pasto crecen a un ritmo vertiginoso, en primavera la huerta tiene algo nuevo para ver cada amanecer, en otoño cambian los colores y la luz. Distintas son las aves que se ven o dejan ver en cada estación.
En otoño se retiran los turistas y desaparecen las lanchas deportivas y las motos de agua, y se dejan de organizar esas ruidosas fiestas de fin de semana.
También mi casa sufre transformaciones constantemente. Hoy los chicos dan vuelta la casa jugando a indios y colonos, a espías o exploradores, mañana arman una pista de acrobacias con los objetos más disímiles, que quedan así expuestos hasta que me armo de ganas para ordenarlo todo, o hasta que amenaza una lluvia y me veo obligado a hacerlo.
Luego estoy yo mismo, cambiando de lugar las cosas cuando me pongo a repararlas, dando vueltas la casa para aprovechar mejor los reducidos espacios, organizando los materiales de construcción y de reciclaje, oreando el compost, acarreando tierra de un lugar a otro, o sacando barro del río para rellenar algún desnivel. Y todo sigue cambiando, como cuando agregamos nuevos bancales a la huerta, o cuando abrimos senderos en el monte, cuando plantamos algún árbol o talamos los sauces y libustros que crecen sin permiso, o cuando arrancamos los lirios, las cortaderas, las papas de río, las totoras y los papiros, que todo lo invaden, o cuando el campo uno se convierte en un aserradero cuando me pongo a cortar y fraccionar leña...
Y la casa también cambia cuando ponemos manos a la obra con tantas obras pendientes, como la aislación de la pared oeste y el cielorraso, o cuando armamos un nuevo mueble, placard o estanterías, cuando cambiamos de lugar la cucha del perro o el espaco de los cobayos, y cuando el más chiquito se entusiama tanto que no se puede caminar por ningún lado sin pisar un chiche.
Un visitante eventual puede tener, de un momento a otro, una idea muy distinta de mi casa y de la forma de vida que llevo. Alguno podrá pensar que vivo en un paraíso natural y que llevo una vida mansa y bucólica, otro que vivo en un villorio roñoso y repugnante y que llevo una vida bohemia y desidiosa.
Pero la verdad ni siquiera está en el medio de esos extremos. Solo se puede intentar entender la vida que llevamos cuando se experimenta día a día. Y en ese proceso me encuentro yo mismo, tratando de entender de qué se trata esto de elegir cómo vivir.


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Fernando M. Sassone



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Última edición:
A veces resulta difícil adaptarse a los lugares precisamente por esos cambios de los que hablas, vivir en el campo es una experiencia maravillosa si te gusta la naturaleza, el problema nace cuando la casa reclama más atención que un bebé, cuando calentarla implica un derroche de energías y un largo etc. Vivir junto al mar puede ser de lo más idílico pero en invierno la sal cuartea fachadas y el viento y la arena impiden hasta abrir una ventana... y así... todo tiene su parte bonita y su parte dura. Pero los niños disfrutan principalmente la parte bucólica así que bien merece el esfuerzo por que ellos puedan sentir la naturaleza tan próxima.
Cada vez que escucho a un niño que cree que la leche sale de una botella se me dan vuelta los ojos!!, las imágenes que muestras hablan por sí solas.
Un abrazo

Palmira
 
Así es estimada Palmira... todo tiene un pro y un contra... disfrutar los pros y soportar los contras, y ponerlos en una balanza para decidir si vale la pena...
 
Qué majos son tus chicos... ellos cambian constantemente y transforman todo lo que tienen alrededor incluido a nosotros.

Un abrazo
 
Gracias por pasar Julia, y sí, son muy majos, pero yo no puedo decirlo, solo tengo ojos para ellos.

Besos!
 

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