Sadness&Lust
Poeta recién llegado
El firmamento se cierne sobre mí
con ese viento gélido afín
para hacerme sentir algo en esta situación
donde un nudo en la garganta me tuerce la razón.
Sos tan parpadeante con tus emociones
que se me hace un laberinto autómata comprenderte
que está sujeto a un caos de desazones,
pero te quiero igual, aún pienso en verte.
No estoy bien, menos sin ti.
El dolor en el pecho, ¿ahí está la raíz?
Vamos juntos adonde el camino nos muestre;
bebamos, bailemos, no nos percatemos de que anochece.
Esa necesidad por buscarte,
por tenerte, por hablarte.
Estoy roto, volcando lágrimas en letras,
ni ellas pueden alejarme de quererte cerca.
La miseria me arropa esta noche,
sus manos no son cálidas ni dulces,
son recordatorio a fuego de tu falta
que me deja la paciencia harta.
Camino ebrio, ¿y vos?
¿Querés hablar al menos?
Mis manos ya no te acarician
y tiemblan por temor a mi renuncia.
Hoy me balanceo en el borde,
se siente bien saber que puedo acabar
con la sensación que arde
y recorre el alma a matar.
Todo alrededor es una mierda.
Qué lindo es verte en mis recuerdos;
en los sueños seguis siendo la más bella,
me acerco con gusto a tus cabellos
entrelazamos los dedos como si fueran esposas
para no poder separarnos y ser sólo una cosa;
con un mismo latido,
con un mismo objetivo
y aferrados sin pudor
para fallecer con el amor.
Las sabanas son rasposas
comparadas a tu piel
recubierta con miel
en esta noche tramposa.
Cuando los focos descansen
y mi cuerpo se relaje
tendré en la cabeza presente
aquella mujer sorprendente
causante de mi locura
que me enamoró con tanta ternura...
con ese viento gélido afín
para hacerme sentir algo en esta situación
donde un nudo en la garganta me tuerce la razón.
Sos tan parpadeante con tus emociones
que se me hace un laberinto autómata comprenderte
que está sujeto a un caos de desazones,
pero te quiero igual, aún pienso en verte.
No estoy bien, menos sin ti.
El dolor en el pecho, ¿ahí está la raíz?
Vamos juntos adonde el camino nos muestre;
bebamos, bailemos, no nos percatemos de que anochece.
Esa necesidad por buscarte,
por tenerte, por hablarte.
Estoy roto, volcando lágrimas en letras,
ni ellas pueden alejarme de quererte cerca.
La miseria me arropa esta noche,
sus manos no son cálidas ni dulces,
son recordatorio a fuego de tu falta
que me deja la paciencia harta.
Camino ebrio, ¿y vos?
¿Querés hablar al menos?
Mis manos ya no te acarician
y tiemblan por temor a mi renuncia.
Hoy me balanceo en el borde,
se siente bien saber que puedo acabar
con la sensación que arde
y recorre el alma a matar.
Todo alrededor es una mierda.
Qué lindo es verte en mis recuerdos;
en los sueños seguis siendo la más bella,
me acerco con gusto a tus cabellos
entrelazamos los dedos como si fueran esposas
para no poder separarnos y ser sólo una cosa;
con un mismo latido,
con un mismo objetivo
y aferrados sin pudor
para fallecer con el amor.
Las sabanas son rasposas
comparadas a tu piel
recubierta con miel
en esta noche tramposa.
Cuando los focos descansen
y mi cuerpo se relaje
tendré en la cabeza presente
aquella mujer sorprendente
causante de mi locura
que me enamoró con tanta ternura...