Elisalle
Poetisa
PERENNE

Menos lumbre guía su candil.
Lentamente el barco deja la bahía.
No hay prisa por saber de usted.
Algo muere y asoma un renacer.
Desde la playa diviso claro horizonte,
como si desanclara tormentos y los vaciara;
que soltara amarras del puerto de lamentos
y la voz disfónica no repite ya su nombre.
En todo hay un principio y vuelta atrás.
Lindo fue soñar con lluvias extranjeras
y con faroles de luciérnagas en la plaza.
Cada instante desdibuja más su rostro.
Hoy no duele, no hay reclamo ni esperas,
como si todo hubiera sido un sueño,
lejano como película en blanco y negro,
esas mismas que no veo porque dan pena.
El tiempo ayuda a ir cambiando el destino,
a encontrar luz en lo oscuro de la tarde,
a no sentir el desespero cruel y mezquino
de un cuerpo cansado que sin piedad arde.
Entro al bosque a descubrir que no temo,
que si hace noche espero hasta que aclare,
que van terminando las locas ansiedades,
abro al mundo las puertas de mis miedos.
Imagino nuevo sol que mi piel abrace,
nueva luna que ilumine mis pinceles,
renovada sangre que pinte mis flores.
un nombre futuro que raye mis papeles.
No va quedando nada más que arreboles,
en la gama juguetean tonos anaranjados;
aunque lo intente, por usted no sale el grito,
perenne solo queda
30/01/2013
Todos los derechos Reservados.
Prohibida su reproducción parcial
y/o total por cualquier medio
©
Inscrpción: 204.68

Menos lumbre guía su candil.
Lentamente el barco deja la bahía.
No hay prisa por saber de usted.
Algo muere y asoma un renacer.
Desde la playa diviso claro horizonte,
como si desanclara tormentos y los vaciara;
que soltara amarras del puerto de lamentos
y la voz disfónica no repite ya su nombre.
En todo hay un principio y vuelta atrás.
Lindo fue soñar con lluvias extranjeras
y con faroles de luciérnagas en la plaza.
Cada instante desdibuja más su rostro.
Hoy no duele, no hay reclamo ni esperas,
como si todo hubiera sido un sueño,
lejano como película en blanco y negro,
esas mismas que no veo porque dan pena.
El tiempo ayuda a ir cambiando el destino,
a encontrar luz en lo oscuro de la tarde,
a no sentir el desespero cruel y mezquino
de un cuerpo cansado que sin piedad arde.
Entro al bosque a descubrir que no temo,
que si hace noche espero hasta que aclare,
que van terminando las locas ansiedades,
abro al mundo las puertas de mis miedos.
Imagino nuevo sol que mi piel abrace,
nueva luna que ilumine mis pinceles,
renovada sangre que pinte mis flores.
un nombre futuro que raye mis papeles.
No va quedando nada más que arreboles,
en la gama juguetean tonos anaranjados;
aunque lo intente, por usted no sale el grito,
perenne solo queda
el rojo de las rosas
de Quito
Margarita
30/01/2013
Todos los derechos Reservados.
Prohibida su reproducción parcial
y/o total por cualquier medio
©
Inscrpción: 204.68
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