Gonvedo
Poeta asiduo al portal
La luz tiene esta noche el fulgor suicida
de pájaros cruzando delante de mis ojos,
y hay un rumor de pasos durmiendo en las aceras,
sin duda planetas escapados de sus órbitas,
un llanto de metales coronando elipses de soledad,
y un aroma a mar que viene de muy lejos.
Eran mi sombra y su estatura barcos
que se hundían en el eco de mi espalda,
era mi cuerpo la suma de todos sus cadáveres.
En la piel del invierno se forjaron mis huesos,
y algo de mí quedó enganchado de algún fuego.
Pero no soy quien digo,
soy solo aquel que vivió en la lluvia,
pero que nunca pudo olvidar la sed.
Ahora estoy aquí, donde nacen las serpientes
y pasan la noche los vientos condenados a morir,
alcanzando a ser el único testigo del amanecer,
intentando entender de otra forma las palabras
y sus significados, y aquella música
de bocas insaciables desesperadamente cómplice.
de pájaros cruzando delante de mis ojos,
y hay un rumor de pasos durmiendo en las aceras,
sin duda planetas escapados de sus órbitas,
un llanto de metales coronando elipses de soledad,
y un aroma a mar que viene de muy lejos.
Eran mi sombra y su estatura barcos
que se hundían en el eco de mi espalda,
era mi cuerpo la suma de todos sus cadáveres.
En la piel del invierno se forjaron mis huesos,
y algo de mí quedó enganchado de algún fuego.
Pero no soy quien digo,
soy solo aquel que vivió en la lluvia,
pero que nunca pudo olvidar la sed.
Ahora estoy aquí, donde nacen las serpientes
y pasan la noche los vientos condenados a morir,
alcanzando a ser el único testigo del amanecer,
intentando entender de otra forma las palabras
y sus significados, y aquella música
de bocas insaciables desesperadamente cómplice.