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  • Herramienta de Métrica Española mejorada

    Hemos renovado por completo nuestro analizador de métrica: ahora analiza poemas enteros con detección de sinalefas, sinéresis, esquema rímico, tipo de estrofa y mucho más. Además, incluye dos nuevas herramientas: Rimas — busca rimas consonantes y asonantes filtradas por sílabas — y Sinónimos — encuentra palabras alternativas que encajen en tu verso. Está en fase de pruebas — tu opinión nos ayuda a perfeccionarlo. Si encuentras algún error o tienes sugerencias, escríbenos a info@mundopoesia.com. Probar la nueva versión →

Persiguiendo el atardecer que se va...

El sonido húmedo sigue brotando de las ventanas,
me levanto de la cama,
pongo marcha y aprieto el acelerador,
que son los dos pies que arrastro hace 57 años,
y el aroma a pasados,
haciéndose caricias,
rebrota ya desde el marco de madera de mi ventana favorita.

Aquel marco que sigue siempre descarcarado,
pero que ahora gotea lágrimas oscuras,
que parecen de maquillaje,
pero que esconden simplemente la nada misma.
Levanto la vista,
y el oleaje continúa empujando.
Las olas corretean,
y parecen niños traviesos,
que se apresuran por ver quien llega primero a la meta final.

Los años me permiten aún poder hacer uno que otro paso,
aunque a decir verdad,
escasean los suspiros en mi vacío pecho.
Pero no me impiden salir a trotar,
junto con aquellas olas,
que ahora se aparecen ante mí,
y me llaman me gritan,
que vaya a jugar.

Las sigo y observo,
ante mí muchas luces que se me prenden,
como focos enormes y repletos de chispas.
Corro lo que puedo,
y las arrugas y los huesos rechinan.
Los ignoro porque aprendí a hacerlo,
y porque ellas continúan llamándome.
Si,
las olas.
 

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El sonido húmedo sigue brotando de las ventanas,
me levanto de la cama,
pongo marcha y aprieto el acelerador,
que son los dos pies que arrastro hace 57 años,
y el aroma a pasados,
haciéndose caricias,
rebrota ya desde el marco de madera de mi ventana favorita.

Aquel marco que sigue siempre descarcarado,
pero que ahora gotea lágrimas oscuras,
que parecen de maquillaje,
pero que esconden simplemente la nada misma.
Levanto la vista,
y el oleaje continúa empujando.
Las olas corretean,
y parecen niños traviesos,
que se apresuran por ver quien llega primero a la meta final.

Los años me permiten aún poder hacer uno que otro paso,
aunque a decir verdad,
escasean los suspiros en mi vacío pecho.
Pero no me impiden salir a trotar,
junto con aquellas olas,
que ahora se aparecen ante mí,
y me llaman me gritan,
que vaya a jugar.

Las sigo y observo,
ante mí muchas luces que se me prenden,
como focos enormes y repletos de chispas.
Corro lo que puedo,
y las arrugas y los huesos rechinan.
Los ignoro porque aprendí a hacerlo,
y porque ellas continúan llamándome.
Si,
las olas.
Observar y mezclar como el tiempo ha pasado y continua. la naturaleza sigue su ritmo,
un elemento que permite ese juego frente a una desnudez ambiental. todo fundido en
esa experiencia unica que es sentir que se vive. excelente. saludos amables de luzyabsenta
 

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