ivoralgor
Poeta fiel al portal
Vi que las manos temblaban y me fui sin más. El reloj marcaba las diez de la mañana y se detuvo agónicamente. Se oía un rugir proveniente de la calle que no se igualaba a nada. Esperé a que pasaran algunos minutos antes de husmear desde el ventanal de la sala. Nada circulaba en esas calles añejas y solitarias, sólo un brisa delgada que era casi imperceptible. Me alejé del ventanal y me dispuse a continuar con la tarea que había dejado a medias antes de que el reloj se detuviera agónicamente. Era obvio que los ojos suponían sombras que se distanciaban de la casa, pero el ventanal no reflejaba nada y las manos seguían temblando sin más. Quería creer que era otra mañana más y que se disiparía la sensación de que algo allá afuera estuviera rugiendo de a ratos. De un momento a otro el sudor hacía surcos en la frente, dejando un cansancio inexplicable. Una fuerza proveniente de la nada me sacudió entero, casi caigo de bruces sobre la tarea que ya estaba a punto de terminar. El rugido ahora sonó más nítido: ¡Despierta!
Sólo era otro inexplicable capítulo de una vida que no es la mía, pero que retrata una personalidad que alguna vez fui en otra dimensión de tiempo/espacio.
Sólo era otro inexplicable capítulo de una vida que no es la mía, pero que retrata una personalidad que alguna vez fui en otra dimensión de tiempo/espacio.
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