AZIF-AL-DAHNA
Poeta adicto al portal
Pesadilla en blanco y negro
Me despierto agitado por las noches
atrapado en lo más profundo de mis sueños
sudando sobre un lecho de mentiras y reproches,
aullándole a una realidad inconexa, incompleta, abstrusa e inconsecuente,
que adormece mis sentidos en una niebla asfixiante,
donde el sol que me ciega obnubiló su convencional circunferencia
y se alza gélido y engañoso,
como la punta de un iceberg,
en Utopía, el mar de las ilusiones.
Mi nave se desplaza rauda y atrevida por la mágica corriente
y sus velas se hinchan, orgullosas,
con la brisa cálida de mis versos prometeanos.
¡Dioses perversos!, ¡poetas mundanos!,
¡estúpidos y profanos!
Desafío al universo como un loco soberano,
que bebe de sus aguas,
ansioso, con sus manos...
Y un relámpago amatista me responde desde el cielo,
quemándome las jarcias, retándome a duelo.
Me equilibrio en el bauprés y no entiendo la razón;
¿qué permite que una norna se apodere del timón?
Me embeleso en los brazos de Cloto,
en sus caricias intangibles,
en sus besos indelebles
y en sus ojos infinitos.
Mientras sus hermanas se encargan de destejer mi inspiración.
El desastre es ineludible
...mas se puede luchar contra él...
Mi nave es destrozada contra el témpano de la realidad flotante
y naufrago hasta las sordas playas de lo tangible, lo físico, lo real.
Semiahogado, medio muerto e inconciente, finalmente , me despierto...
En medio de una megápolis colosal y opresiva,
con la boca amarga por la sangre oxidada
y con el cuerpo entumecido por la monotonía.
Miro hacia el cielo viciado del atardecer
y las náuseas de lo aberrante me devuelven al sueño
cuando veo fundirse la polución con el ocaso
en un cuadro de decadente evolución.
Treinta mil escalones de insanía
patrullan en bandadas tenebrosas
las torres que se elevan ominosas
más allá de las nubes de agonía.
Y en las calles de la melancolía
las sombras se pasean alevosas
cantando letanías silenciosas
que sumen a la gente en la apatía.
Su estribillo perfora mis tímpanos
y resuena en mi cabeza sin descanso.
Resuena,
el demencial silbato de una caldera estrambótica,
en las montañas de Tenebría,
necrópolis gótica,
a ratos tan ebría,
a ratos sicótica;
al igual que una sirena
le arrebata las entrañas al silencio y lo envenena;
lo condena
y lo lleva a recitar como rapsoda este poema
con el lema:
La locura es una llama que libera cuanto quema
y que tema
]quien desee conservar a su razón en el sistema,
como esquema,
pues al tiempo que recita estas palabras, en sus venas
la cordura...
se gangrena...
se gangrena...
se gangrena...
se gangrena...
Me despierto agitado por las noches
atrapado en lo más profundo de mis sueños
sudando sobre un lecho de mentiras y reproches,
aullándole a una realidad inconexa, incompleta, abstrusa e inconsecuente,
que adormece mis sentidos en una niebla asfixiante,
donde el sol que me ciega obnubiló su convencional circunferencia
y se alza gélido y engañoso,
como la punta de un iceberg,
en Utopía, el mar de las ilusiones.
Mi nave se desplaza rauda y atrevida por la mágica corriente
y sus velas se hinchan, orgullosas,
con la brisa cálida de mis versos prometeanos.
¡Dioses perversos!, ¡poetas mundanos!,
¡estúpidos y profanos!
Desafío al universo como un loco soberano,
que bebe de sus aguas,
ansioso, con sus manos...
Y un relámpago amatista me responde desde el cielo,
quemándome las jarcias, retándome a duelo.
Me equilibrio en el bauprés y no entiendo la razón;
¿qué permite que una norna se apodere del timón?
Me embeleso en los brazos de Cloto,
en sus caricias intangibles,
en sus besos indelebles
y en sus ojos infinitos.
Mientras sus hermanas se encargan de destejer mi inspiración.
El desastre es ineludible
...mas se puede luchar contra él...
Mi nave es destrozada contra el témpano de la realidad flotante
y naufrago hasta las sordas playas de lo tangible, lo físico, lo real.
Semiahogado, medio muerto e inconciente, finalmente , me despierto...
En medio de una megápolis colosal y opresiva,
con la boca amarga por la sangre oxidada
y con el cuerpo entumecido por la monotonía.
Miro hacia el cielo viciado del atardecer
y las náuseas de lo aberrante me devuelven al sueño
cuando veo fundirse la polución con el ocaso
en un cuadro de decadente evolución.
Treinta mil escalones de insanía
patrullan en bandadas tenebrosas
las torres que se elevan ominosas
más allá de las nubes de agonía.
Y en las calles de la melancolía
las sombras se pasean alevosas
cantando letanías silenciosas
que sumen a la gente en la apatía.
Su estribillo perfora mis tímpanos
y resuena en mi cabeza sin descanso.
Resuena,
el demencial silbato de una caldera estrambótica,
en las montañas de Tenebría,
necrópolis gótica,
a ratos tan ebría,
a ratos sicótica;
al igual que una sirena
le arrebata las entrañas al silencio y lo envenena;
lo condena
y lo lleva a recitar como rapsoda este poema
con el lema:
La locura es una llama que libera cuanto quema
y que tema
]quien desee conservar a su razón en el sistema,
como esquema,
pues al tiempo que recita estas palabras, en sus venas
la cordura...
se gangrena...
se gangrena...
se gangrena...
se gangrena...
Última edición:
::, que feliz::
:: me haces con tu visita, te agradezco el detalle de la correción, tipeé rápido y no lo noté::
::, thanks, tiempo sin verte, espero que estés muy bien , amiga mía, casi no he tenido tiempo de visitar otras letras, pero espero poder tenerlo pronto.
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