Mis versos libres
Poeta recién llegado
Tu recuerdo aparece detrás mío, posando su escrutador aliento sobre las imágenes que escribo. Ese aliento que solía ser mío.
Tus miradas, escudriñan desde la frontera de luz, que nace y muere entre las sombras; detrás de las figuras de espaldas que opacadas cubren el paso del sol.
El paraje del que escribo, está formado por páginas vacías, donde las sombras crecen ante mis ojos; y una puesta de sol, vista a través de tu cabello ahogado en mar, desmayándose en rizos moribundos, salpicados de partículas golpeadas por las aguas, sacudidas contra las rocas durante innumerables eras.
Esas sombras se están moviendo a través de las páginas. De improviso, el día se convierte en noche, lejos de luces artificiales inventadas en recuerdos inexistentes.
Pero no, tu recuerdo no puede esperar, entra sin invitación; se acomoda en el sofá de tibia piel, sobre el que amarás mi recuerdo a tu manera.
Todos los días, todos aquellos días, contigo día y noche.
La luna parece brillar e iluminar el cielo y menguar rasgada por las nubes que retiras de un soplido.
Tu recuerdo no puede esperar, ni puede cesar su brillo. Su brillo tan incontenible que opaca la puesta del sol en otros ojos. Ojos marrones, grises , verdes o azules... No importa, no llegan a tener color, ni siquiera llegan a ser un recuerdo creado furtivamente por el sol.
Me gustaría crear uno. Un recuerdo, una memoria, una pieza pescada fuera de temporada.
Sombra de una sonrisa, penumbra que opaca la aurora… Pero ya no tienes forma, ya no tienes espacio. Estás, pero no te encuentras.
Tus miradas, escudriñan desde la frontera de luz, que nace y muere entre las sombras; detrás de las figuras de espaldas que opacadas cubren el paso del sol.
El paraje del que escribo, está formado por páginas vacías, donde las sombras crecen ante mis ojos; y una puesta de sol, vista a través de tu cabello ahogado en mar, desmayándose en rizos moribundos, salpicados de partículas golpeadas por las aguas, sacudidas contra las rocas durante innumerables eras.
Esas sombras se están moviendo a través de las páginas. De improviso, el día se convierte en noche, lejos de luces artificiales inventadas en recuerdos inexistentes.
Pero no, tu recuerdo no puede esperar, entra sin invitación; se acomoda en el sofá de tibia piel, sobre el que amarás mi recuerdo a tu manera.
Todos los días, todos aquellos días, contigo día y noche.
La luna parece brillar e iluminar el cielo y menguar rasgada por las nubes que retiras de un soplido.
Tu recuerdo no puede esperar, ni puede cesar su brillo. Su brillo tan incontenible que opaca la puesta del sol en otros ojos. Ojos marrones, grises , verdes o azules... No importa, no llegan a tener color, ni siquiera llegan a ser un recuerdo creado furtivamente por el sol.
Me gustaría crear uno. Un recuerdo, una memoria, una pieza pescada fuera de temporada.
Sombra de una sonrisa, penumbra que opaca la aurora… Pero ya no tienes forma, ya no tienes espacio. Estás, pero no te encuentras.
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