danie
solo un pensamiento...
Sé muy bien que mañana, a esta hora, ya no estarás;
y el murmullo del silencio será el confidente
de mis labios guardando aquel beso;
y la ausencia será el único rostro
que veré en el espejo;
y la noche encenderá sus velas
para iluminar y recordar tu fotografía
en el apeadero de la ruta del tiempo.
Mañana, a esta hora, la casa estará vacía
y la alcoba de ensueños sufrirá el insomnio
de no poder soñarte más.
Las calles del barrio
extrañarán nuestros paseos de los sábados,
las risas y los gestos,
las peleas y los caprichos,
las reconciliaciones y los abrazos…
Y en la mesa de aquel bar
veré dos siluetas tomadas de la mano,
fumando y charlando
“igual que lo hacíamos nosotros”,
haciendo planes de una casa grande,
de tener muchos hijos,
de una luna de miel en París
o en Londres, o en Roma, o en Madrid;
pero nadie se les acercará y les dirá que no planeen en vano,
que pasado mañana volverán a ser
simplemente
siluetas separadas.
Y nuevamente se repetirá el ciclo;
una y otra vez, en algún momento del rito
de los enamorados,
se separarán las manos,
se desenlazarán los humos de los cigarros,
se agriarán los bombones con forma de corazón
y las rosas cortadas se marchitarán
para que luego la silueta que se desamarró,
ya solitaria,
vea a otros pobres corazones separarse
en la mañana.
y el murmullo del silencio será el confidente
de mis labios guardando aquel beso;
y la ausencia será el único rostro
que veré en el espejo;
y la noche encenderá sus velas
para iluminar y recordar tu fotografía
detenida
Mañana, a esta hora, la casa estará vacía
y la alcoba de ensueños sufrirá el insomnio
de no poder soñarte más.
Las calles del barrio
extrañarán nuestros paseos de los sábados,
las risas y los gestos,
las peleas y los caprichos,
las reconciliaciones y los abrazos…
Y en la mesa de aquel bar
veré dos siluetas tomadas de la mano,
fumando y charlando
“igual que lo hacíamos nosotros”,
haciendo planes de una casa grande,
de tener muchos hijos,
de una luna de miel en París
o en Londres, o en Roma, o en Madrid;
pero nadie se les acercará y les dirá que no planeen en vano,
que pasado mañana volverán a ser
simplemente
siluetas separadas.
Y nuevamente se repetirá el ciclo;
una y otra vez, en algún momento del rito
de los enamorados,
se separarán las manos,
se desenlazarán los humos de los cigarros,
se agriarán los bombones con forma de corazón
y las rosas cortadas se marchitarán
para que luego la silueta que se desamarró,
ya solitaria,
vea a otros pobres corazones separarse
en la mañana.