Este año estimado poeta han existido pocas cosas de las que nos pueden dar alegría. Son las pequeñeces en las que podemos valorar aquellas cosas que nos dan gusto. Los pétalos sobre la cama símbolo de belleza y de amor. Sin embargo ¿Cuántos no disfrutan esa delicia del amor? Sus camas se vuelven prisiones. Celdas de donde no pueden salir ni disfrutar la vida. Llámese como se llame esa plaga que nos puede acechar. Siempre es un lujo leerle, me paseo en sus versos y dejo mi respeto en un abrazo de colores,
Sí. Ha sido un año difícil, neurótico, casi psicótico. Pero ya asoma por la ventana la luz: si pagas, puedes vacunarte, si vives en tal país puedes pagar y si pagas, te dejamos vivir. (si mueres en otro, no). Y en tanto sigas pagando-nos te dejamos que te rías, a lo mejor hasta te damos -si pagas- una cocacola. Si pagas esta vez mañana te volvemos a aterrorizar, a hacer de tu cama una prisión con o sin tubos de oxígeno encajados en el alma. Para que pagues o te mueras, o te mueras para que paguen.
O quizás el neuro-psicótico soy yo... ¿Qué le puedo decir?
Le digo, tal cual usted lo percibió: Cuantos no disfrutan de ese amor. Cuantos prefieren ni dormir, ajados de café hasta las... buscando aire que no hay, cuantos arañan paredes durísimas con lo que les queda de dedos -no ya de uñas- pero son pinches paredes irrompibles las condenadas. Cuantxs se fueron poniendo blancxs, quietxs, ausentes.
Cuantos evidenciamos lo vulnerables que somos, en todos los sentidos posibles.
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Le doy las gracias sinceras, amiga, poeta, persona... por acompañar mis pétalos. Entiendo desde el alma su angustia. Perdóneme si esta vez quise ponerme a ver las arañitas que descienden, ajenas a la tragedia del mundo, por el lado izquierdo del rectángulo. Nunca, a decir de verdad, me acosté sobre una cama de pétalos (será porque no he pagado). Pero ¡Qué divino ha de ser! La dejo con una canción extraña y no -si me lo permite, claro está- que siempre me tocó mucho por dentro: