Introspectivo.
Poeta adicto al portal
tic-tac, tic-tac, tic-tac
y no es un reloj.
Son gotas que se suicidan
desde la cornisa de una canilla
y resbalan por el mosaico
hasta un tubo oxidado.
Me recuerdan que estoy solo
y que es tarde también,
o temprano, para los que madrugan.
Me siento, en mi arrugada cama,
sin más abrigo que mi piel
húmeda y picante por el calor,
me rasco los mosquitos
y mato uno o dos.
Pinto la pared, con mi propia sangre
y como un buzo me sumerjo
nuevamente en el colchón.
tic-tac, tic-tac, tic-tac.
Sigue ahí, tan latente como mi corazón.
Me siento, otra vez, en mi anciano colchón
a contemplar la oscura noche
y a pensar.
Es raro que piense así, tan seguido,
si vivo entre amigos
y mi familia no está mal.
Nuevamente un mosquito
mi oído hizo zumbar,
pero esta vez no hice nada,
lo dejé hacer lo suyo,
lo alimenté y dejé vivir.
Luego me rasqué,
comencé con una caricia orbitaria,
luego en forma vertical,
pellizqué la picadura, con mis uñas mordidas
y me rasqué, me lastime,
me agujeré la piel. (Una vez más).
tic-tac, tic-tac, tic...
Me levanto voy al baño y cierro la canilla
como cuando cierras una botella
para que no pierda el gas.
Me siento en el trono de cerámica,
sueno mi cuello, solo una vez, a la derecha
y entre un par de suspiros
me armo un porro.
Lo amoldo como plastilina
lo beso y lo aglutino.
Lo prendo lentamente,
con una profunda bocanada.
Cierro los ojos mientras aguanto el respirar
y suelto el humo al más allá.
Me paro, lo apago y lo guardo,
para otra ocasión similar.
Camino hasta mi lecho
y muero sin dejar de respirar.
y no es un reloj.
Son gotas que se suicidan
desde la cornisa de una canilla
y resbalan por el mosaico
hasta un tubo oxidado.
Me recuerdan que estoy solo
y que es tarde también,
o temprano, para los que madrugan.
Me siento, en mi arrugada cama,
sin más abrigo que mi piel
húmeda y picante por el calor,
me rasco los mosquitos
y mato uno o dos.
Pinto la pared, con mi propia sangre
y como un buzo me sumerjo
nuevamente en el colchón.
tic-tac, tic-tac, tic-tac.
Sigue ahí, tan latente como mi corazón.
Me siento, otra vez, en mi anciano colchón
a contemplar la oscura noche
y a pensar.
Es raro que piense así, tan seguido,
si vivo entre amigos
y mi familia no está mal.
Nuevamente un mosquito
mi oído hizo zumbar,
pero esta vez no hice nada,
lo dejé hacer lo suyo,
lo alimenté y dejé vivir.
Luego me rasqué,
comencé con una caricia orbitaria,
luego en forma vertical,
pellizqué la picadura, con mis uñas mordidas
y me rasqué, me lastime,
me agujeré la piel. (Una vez más).
tic-tac, tic-tac, tic...
Me levanto voy al baño y cierro la canilla
como cuando cierras una botella
para que no pierda el gas.
Me siento en el trono de cerámica,
sueno mi cuello, solo una vez, a la derecha
y entre un par de suspiros
me armo un porro.
Lo amoldo como plastilina
lo beso y lo aglutino.
Lo prendo lentamente,
con una profunda bocanada.
Cierro los ojos mientras aguanto el respirar
y suelto el humo al más allá.
Me paro, lo apago y lo guardo,
para otra ocasión similar.
Camino hasta mi lecho
y muero sin dejar de respirar.