errante xilos
Poeta recién llegado
El fuego se abrió a tus pies,
se derramaron los cálices,
se calló el viento,
el silencio los acompañó un minuto más...
Los humos espesos se fusionaron con el halo frío de tu voz,
las escalinatas subterráneas, los culpables calabozos,
la menuda hilera de luz,
el quinto martillo del día,
ya no importa,
solo sus miradas inútiles en un fondo adherido...
Las cenizas se agruparon,
se alinearon en el sentido de tus dedos,
la implacable repercusión de tu dedo pulgar,
determinó los profusos surcos
en la piel de todos los tiempos y espacios...
Los repliegues intactos de tus párpados,
no cerraron tus emociones ni pensamientos,
solo cerraron el brillo azucarado, aunque amargo,
solo fundieron el hierro inexorable de tu decisión,
la de hacer sentir en sus cabezas el furioso poder de un sol moribundo,
a punto de explotar...
Madre mía socorre la esperanza,
esta se pierde, como agua en manos de infante...
se derramaron los cálices,
se calló el viento,
el silencio los acompañó un minuto más...
Los humos espesos se fusionaron con el halo frío de tu voz,
las escalinatas subterráneas, los culpables calabozos,
la menuda hilera de luz,
el quinto martillo del día,
ya no importa,
solo sus miradas inútiles en un fondo adherido...
Las cenizas se agruparon,
se alinearon en el sentido de tus dedos,
la implacable repercusión de tu dedo pulgar,
determinó los profusos surcos
en la piel de todos los tiempos y espacios...
Los repliegues intactos de tus párpados,
no cerraron tus emociones ni pensamientos,
solo cerraron el brillo azucarado, aunque amargo,
solo fundieron el hierro inexorable de tu decisión,
la de hacer sentir en sus cabezas el furioso poder de un sol moribundo,
a punto de explotar...
Madre mía socorre la esperanza,
esta se pierde, como agua en manos de infante...
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