Bolivar F. Martinez
Poeta adicto al portal
¡Piedad, Señor!
Se estremece la roca del lado expuesta,
en su constante ronda y su baño de luz;
se abate la penumbra y todos los colores
arrojan por el suelo nocturno abrigo gris.
Se asoma la mañana con su ropa de estreno,
con su sonrisa alegre y su rubio color
y la Naturaleza estirando sus miembros,
obedece al mandato que da su Creador.
Empieza un nuevo día con esperanzas nuevas
uno más que a la cuenta la Historia agregará,
que cuando se termine lo resto de la mía
si Dios me da la gracia de mirar su final.
Y si me lo concede le estoy pidiendo en rezo:
piedad para los que ahora en obligado vuelo,
atravezando el tunel que los conduce al cielo,
soltando sus amarras a su lado estarán:
¡Piedad para los muertos, de todas las edades!
Para los que vivimos,
¡Piedad, Señor, Piedad!
Se estremece la roca del lado expuesta,
en su constante ronda y su baño de luz;
se abate la penumbra y todos los colores
arrojan por el suelo nocturno abrigo gris.
Se asoma la mañana con su ropa de estreno,
con su sonrisa alegre y su rubio color
y la Naturaleza estirando sus miembros,
obedece al mandato que da su Creador.
Empieza un nuevo día con esperanzas nuevas
uno más que a la cuenta la Historia agregará,
que cuando se termine lo resto de la mía
si Dios me da la gracia de mirar su final.
Y si me lo concede le estoy pidiendo en rezo:
piedad para los que ahora en obligado vuelo,
atravezando el tunel que los conduce al cielo,
soltando sus amarras a su lado estarán:
¡Piedad para los muertos, de todas las edades!
Para los que vivimos,
¡Piedad, Señor, Piedad!
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