Leonardo Velecela
Poeta que considera el portal su segunda casa
Pies descalzos, afligidos, dormidos.
Mi calzado descansa al pie de la cama
junto al deseo marchito como un rosal
en otoño frío en el norte del mundo.
Pies cansados, pies heridos.
Tan lejos de tus manos amantes,
tan cerca de tu insoportable ausencia,
tanto que duelen los huesos ya muertos.
Tan secos mis pies, que lloran, que gimen,
pero sin ruidos, sin testigos, tan vacíos.
Fríos como el invierno en mi alma,
como el viento del sur extremo.
Pies que esperan por tus manos,
que llegue el verano y cesen las lluvias,
cuando me sonría junio
y canten melodías los pájaros alegres.
Leonardo V.
Mi calzado descansa al pie de la cama
junto al deseo marchito como un rosal
en otoño frío en el norte del mundo.
Pies cansados, pies heridos.
Tan lejos de tus manos amantes,
tan cerca de tu insoportable ausencia,
tanto que duelen los huesos ya muertos.
Tan secos mis pies, que lloran, que gimen,
pero sin ruidos, sin testigos, tan vacíos.
Fríos como el invierno en mi alma,
como el viento del sur extremo.
Pies que esperan por tus manos,
que llegue el verano y cesen las lluvias,
cuando me sonría junio
y canten melodías los pájaros alegres.
Leonardo V.
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