salerin
Poeta que considera el portal su segunda casa
Arrullan los balcones milenarios
guirnaldas y el pasar de golondrinas.
Las calles se engalanan
con vitrinas,
ungidas del matiz en vecindarios.
Acuden desde el mar como escenarios,
níveos rizos en olas cerulinas;
colores del edén en pueblerinas
de espuma y sal hilvanan
sus vestuarios.
Se oculta la ciudad en su belleza
y asoman mil caritas en trasnoche
que escapan de la triste realidad.
Su aliento de arrabal grita pobreza
y un par de pies descalzos en la noche,
anuncian- ¡Ya llegó la Navidad!
guirnaldas y el pasar de golondrinas.
Las calles se engalanan
con vitrinas,
ungidas del matiz en vecindarios.
Acuden desde el mar como escenarios,
níveos rizos en olas cerulinas;
colores del edén en pueblerinas
de espuma y sal hilvanan
sus vestuarios.
Se oculta la ciudad en su belleza
y asoman mil caritas en trasnoche
que escapan de la triste realidad.
Su aliento de arrabal grita pobreza
y un par de pies descalzos en la noche,
anuncian- ¡Ya llegó la Navidad!