PINCELADAS. IMÁGENES SIN CUADRO. UNO
Paisajes en una estación
en la cercanía de una catarsis,
se derrumban los sistemas
en medio colores y personajes,
olores de vida, arrastre de sufrimiento
bocas con risas, labios sabor lamento.
Una mujer mayor que arrastra una caja
su marido por delante sin inmutarse
sólo lleva una bolsa del supermercado,
marcado simbolismo y sumisa le va siguiendo los pasos
dos niños pequeños, deportivas que enseñan un dedo
y él, por encima de todo, lleva zapatos lustrados.
¿Qué hora es? Me preguntan
No se que responder, jamás llevo reloj
pero veo el atardecer y se me ocurre responder las seis,
me mira sorprendida, se vuelve hacía el sol
y me contesta:
- Esa hora me va bien.
Un vendedor empujando un carro
café caliente, hot dog medio helado,
gorro de color blanco manchado
se seca la frente y sigue anunciándose,
de repente me piden monedas y me dan un calendario
por si tengo a quien regalarlo es de un oso con corazón,
se me nubla la razón y me quedo extasiado.
Firmamento de pies calzados, pasos apresurados
aire pesado, humedad que cala los huesos,
a la izquierda un sabueso que va olfateando
más lejos hay una bolsa con comida desechada
manjar de un rato y como recibimiento
el can no para de mover el rabo.
La megafonía es impersonal
cómo impersonal es lo que anuncia,
prohibido fumar es por decreto
mientras que los buses exhalan humo negro de sus cuerpos,
posiblemente son analfabetos por eso contaminan
un policía los mira y se tapa el rostro con su mano
la justicia es para humanos, dicen,
no para maquinas sin alma.
Estoy sentado y esperando a un no se que
que más da saber o ser ignorante,
esgrimo una hoja de papel y acertando a escribir
te recuerdo, te extraño, me siento solitariamente acompañado,
empiezo estos versos y divago deseando estar lejos
¿Dónde están las playas que anuncian?
Maldigo a los carteles que me tientan
a ir más lejos y perderme sin pasado.
Pinceladas descolocadas perdidas sin cuadro
es la cruda realidad en una estación de transito,
caminos esperando en las butacas dentro del estomago
de esos hierros rodantes que te traen
y te llevan sin preguntarte
racimos de sensaciones y sin canciones que acompañen
me quedo esperando que anuncien mi partida.
Hacer raíces en el suelo
que mis dedos socaven el asfalto,
quedarme para irme con ese sol
que me dice telepáticamente:
- Estas equivocado, son más de las siete
y hay sentado no veras ese alocado mañana
dónde a propósito volveré a ser ocaso,
porque aunque no quieras
ya te habrás marchado.
Paisajes en una estación
en la cercanía de una catarsis,
se derrumban los sistemas
en medio colores y personajes,
olores de vida, arrastre de sufrimiento
bocas con risas, labios sabor lamento.
Una mujer mayor que arrastra una caja
su marido por delante sin inmutarse
sólo lleva una bolsa del supermercado,
marcado simbolismo y sumisa le va siguiendo los pasos
dos niños pequeños, deportivas que enseñan un dedo
y él, por encima de todo, lleva zapatos lustrados.
¿Qué hora es? Me preguntan
No se que responder, jamás llevo reloj
pero veo el atardecer y se me ocurre responder las seis,
me mira sorprendida, se vuelve hacía el sol
y me contesta:
- Esa hora me va bien.
Un vendedor empujando un carro
café caliente, hot dog medio helado,
gorro de color blanco manchado
se seca la frente y sigue anunciándose,
de repente me piden monedas y me dan un calendario
por si tengo a quien regalarlo es de un oso con corazón,
se me nubla la razón y me quedo extasiado.
Firmamento de pies calzados, pasos apresurados
aire pesado, humedad que cala los huesos,
a la izquierda un sabueso que va olfateando
más lejos hay una bolsa con comida desechada
manjar de un rato y como recibimiento
el can no para de mover el rabo.
La megafonía es impersonal
cómo impersonal es lo que anuncia,
prohibido fumar es por decreto
mientras que los buses exhalan humo negro de sus cuerpos,
posiblemente son analfabetos por eso contaminan
un policía los mira y se tapa el rostro con su mano
la justicia es para humanos, dicen,
no para maquinas sin alma.
Estoy sentado y esperando a un no se que
que más da saber o ser ignorante,
esgrimo una hoja de papel y acertando a escribir
te recuerdo, te extraño, me siento solitariamente acompañado,
empiezo estos versos y divago deseando estar lejos
¿Dónde están las playas que anuncian?
Maldigo a los carteles que me tientan
a ir más lejos y perderme sin pasado.
Pinceladas descolocadas perdidas sin cuadro
es la cruda realidad en una estación de transito,
caminos esperando en las butacas dentro del estomago
de esos hierros rodantes que te traen
y te llevan sin preguntarte
racimos de sensaciones y sin canciones que acompañen
me quedo esperando que anuncien mi partida.
Hacer raíces en el suelo
que mis dedos socaven el asfalto,
quedarme para irme con ese sol
que me dice telepáticamente:
- Estas equivocado, son más de las siete
y hay sentado no veras ese alocado mañana
dónde a propósito volveré a ser ocaso,
porque aunque no quieras
ya te habrás marchado.
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