FernandoLacrimae
Poeta recién llegado
Vi tu reflejo,
en un charco lodoso,
y aún así me pareció bello.
Vi tu rostro, tu reflejo,
del otro lado del espejo,
mirándome fijamente,
como nunca lo hiciste.
Vi tu imagen enmarcada
en un cuadro abstracto, quieto,
sonriendo tu melancolía.
Vi tus ojos,
vacíos e incompletos,
queriendo profanar los míos,
después de que yo te invité a pasar.
Sí, quise abrazarte,
quise sentirte ahí,
pero el vidrio me detuvo.
Sí, quise besarte,
besar el óleo, o la tela,
o lo que fuese,
pero ni el guardia pudo.
Vi tu reflejo,
y quise volver a sentir tu piel,
tan suave y linda.
Vi tu cuerpo amorfo,
como una pintura cubista
y traté de armarlo,
pero me di cuenta
de que se veía mejor así.
Vi todo a mi alrededor,
y descubrí que yo también
estoy en un charco.
Vi al frente y entendí
que delante de mí
había un espejo
que no me dejaba salir.
También comprendí
que tenía un marco a mi alrededor,
estaba inmóvil y carente de color,
carente de vida, pero no carente
de significado.
No vi mi reflejo,
tampoco vi mi imagen,
aunque sé que ahora mis ojos
están vacíos e incompletos,
y son ellos quienes profanan tu mirada,
esta vez llena de cosas que decirme al oído.
Lástima que sólo somos lo que somos,
y por eso no podemos hacerlo.
Lástima que se secó la pintura.
en un charco lodoso,
y aún así me pareció bello.
Vi tu rostro, tu reflejo,
del otro lado del espejo,
mirándome fijamente,
como nunca lo hiciste.
Vi tu imagen enmarcada
en un cuadro abstracto, quieto,
sonriendo tu melancolía.
Vi tus ojos,
vacíos e incompletos,
queriendo profanar los míos,
después de que yo te invité a pasar.
Sí, quise abrazarte,
quise sentirte ahí,
pero el vidrio me detuvo.
Sí, quise besarte,
besar el óleo, o la tela,
o lo que fuese,
pero ni el guardia pudo.
Vi tu reflejo,
y quise volver a sentir tu piel,
tan suave y linda.
Vi tu cuerpo amorfo,
como una pintura cubista
y traté de armarlo,
pero me di cuenta
de que se veía mejor así.
Vi todo a mi alrededor,
y descubrí que yo también
estoy en un charco.
Vi al frente y entendí
que delante de mí
había un espejo
que no me dejaba salir.
También comprendí
que tenía un marco a mi alrededor,
estaba inmóvil y carente de color,
carente de vida, pero no carente
de significado.
No vi mi reflejo,
tampoco vi mi imagen,
aunque sé que ahora mis ojos
están vacíos e incompletos,
y son ellos quienes profanan tu mirada,
esta vez llena de cosas que decirme al oído.
Lástima que sólo somos lo que somos,
y por eso no podemos hacerlo.
Lástima que se secó la pintura.