marquelo
Negrito villero
No volveré jamás al compás humano al degarrotipo amarillo de recuerdos
plagados de destellos efímeros pegadas en paredes de padres e hijos.
El aire que vence al humo inmerso en la boca de los primates
El abismo demente de las rutinas
La palabra vendiendose triste en las heladerias
El sueño que duerme sin cuerpo como verde acequia
La ausencia del Yo y el aplauso del Fue
Mi lenguaje transido y sus caminos sin tierra
La patología del cabello el bostezo de la locura
El envejecimiento de la palabra Amor
El delirio
Nuevamente el delirio suavizado
El delirio compactada en su esencia con olor a madreselvas
y de sombras
El delirio soterrado y cúspide relamiéndose los hombros de desidia
insectisida frente a la marcha frenética de las hormigas
El delirio de mil brazos de mil tentáculos absorventes que cruza la infinita
voluntad del deseo del ideal burlándose siempre subiendo y bajando las escaleras
siempre vertical del tiempo
Gargantas sin saliva y arena de desiertos ondulantes y prehistóricas dunas
se muestran sobre jorobas caminantes sobre jeques triunfantes sobre la saliva ausente.
El deilirio nubil abrazado a su inocencia tallada en dos ojos sin palabras y un inmenso
heraldo de maldad que aún no lo viste
El delirio joven de altura matemática
El delirio obeso de banqueros sobre tonos agregados al arcoiris
iluminando la sombra oculta de las flores
El delirio las autopistas atropellando los besos perdidos lejos
de las bocas cuando el sonido atiza y el romance es vencido
por las autopistas que asfaltan el te quiero
El delirio como lupanario abriendo sus boleterías como traqueas
sin vida sin esperanza que detiene las alas de la luna ensanchando
quimeras que revientan de sonidos sin fronteras envilenciendo al aire
que duerme cubierto de ramajes sosteniendo a los pájaros cautivos
de la carne.
El delirio ascéticos humanos ya decapitados enrristan sus hombros para
disparar sangre acumulada de las alcantarillas y la palabra-pólvora
busca cargar aún sin vida a la batalla enmarcada de paredones
que gritan buscando sus nombres día a día.
La palabra siempre roba el aprendizaje del minutero que sube y baja
decrecen los océanos con sus peces y aumenta el deliro de cabellos
que también caen hasta el nacimiento de las raíces y juntos se dinamitan
por el orden estricto de la lógica.
El laberinto y otros pesados elementos muestran sus tentáculos.
El nacimiento del silencio holístico que busca una palabra.
La comedia de la vida que siempre termina en el primer acto.
No volveré jamás al delirio que no lleve de la mano un sueño.
plagados de destellos efímeros pegadas en paredes de padres e hijos.
El aire que vence al humo inmerso en la boca de los primates
El abismo demente de las rutinas
La palabra vendiendose triste en las heladerias
El sueño que duerme sin cuerpo como verde acequia
La ausencia del Yo y el aplauso del Fue
Mi lenguaje transido y sus caminos sin tierra
La patología del cabello el bostezo de la locura
El envejecimiento de la palabra Amor
El delirio
Nuevamente el delirio suavizado
El delirio compactada en su esencia con olor a madreselvas
y de sombras
El delirio soterrado y cúspide relamiéndose los hombros de desidia
insectisida frente a la marcha frenética de las hormigas
El delirio de mil brazos de mil tentáculos absorventes que cruza la infinita
voluntad del deseo del ideal burlándose siempre subiendo y bajando las escaleras
siempre vertical del tiempo
Gargantas sin saliva y arena de desiertos ondulantes y prehistóricas dunas
se muestran sobre jorobas caminantes sobre jeques triunfantes sobre la saliva ausente.
El deilirio nubil abrazado a su inocencia tallada en dos ojos sin palabras y un inmenso
heraldo de maldad que aún no lo viste
El delirio joven de altura matemática
El delirio obeso de banqueros sobre tonos agregados al arcoiris
iluminando la sombra oculta de las flores
El delirio las autopistas atropellando los besos perdidos lejos
de las bocas cuando el sonido atiza y el romance es vencido
por las autopistas que asfaltan el te quiero
El delirio como lupanario abriendo sus boleterías como traqueas
sin vida sin esperanza que detiene las alas de la luna ensanchando
quimeras que revientan de sonidos sin fronteras envilenciendo al aire
que duerme cubierto de ramajes sosteniendo a los pájaros cautivos
de la carne.
El delirio ascéticos humanos ya decapitados enrristan sus hombros para
disparar sangre acumulada de las alcantarillas y la palabra-pólvora
busca cargar aún sin vida a la batalla enmarcada de paredones
que gritan buscando sus nombres día a día.
La palabra siempre roba el aprendizaje del minutero que sube y baja
decrecen los océanos con sus peces y aumenta el deliro de cabellos
que también caen hasta el nacimiento de las raíces y juntos se dinamitan
por el orden estricto de la lógica.
El laberinto y otros pesados elementos muestran sus tentáculos.
El nacimiento del silencio holístico que busca una palabra.
La comedia de la vida que siempre termina en el primer acto.
No volveré jamás al delirio que no lleve de la mano un sueño.
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