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Plumas de nieve

Plumas de nieve

Luces blancas, transparentes, olor a cielo,
plumaje y oro que va cayendo al suelo.
Cada partícula es como un querube en vuelo,
tocándose sus alas, descubriendo el viento,
abriéndose para recrear su aliento;
descolgándose sigilosas como algodones bailarines,
cuchicheando en el espacio sus secretos.
Cada una se esparce y van vistiendo los paisajes,
como novias puras y benditas del follaje.

Habitante del jardín y de las noches,
de la acuática marea,
de la travesía del agua y del bajel en ruta;
me quedé absorto entre la nieve,
abstraído y perdido hasta nublarme;
tocando su ligereza, respirando su sencillez,
mirando su ilimitada forma, abarcando su infinita manta,
señalando su nívea cabellera y su lechosa entrega.
Y como nadie, me sentí invitado a su cuerpo y su materia,
a su albina pulcritud de dama.

¡Ah!... Era el reventar de espacios y ajetreos,
la alegría pura, el danzar en la volatilidad de la materia,
el brincar entre la nada, el pintarme de su aureola,
y vestirme blanco, todo blanco…
Y una sonrisa cargada, a nieve y pluma me sabía.

(En atavío claro,
con arreglo fino y distinguido aliño,
yo escribí mi verso: un verso blanco,
así ligero y blanco,
que sirviera de regalo de lo que tengo y valgo,
y darle una sonrisa, de nieve y pluma,
a donde al alma, alegre, se explaye y diga:
Mi sonrisa… ¡A tu blanca bruma!)

¡Nieve, espuma, travesía y garbo al que mi mano toca!

¡Tócame de coral y esponja y que la brisa a ti te escoja!


Salvador Pliego

HERMOSo,QUE MAS PUEDO AGREGAR?siempre es un enorme placer disfrutarte,atesorar tus letras y magicamnete soñar que el mundo es un verso blanco que ilumina la vida
BESOS POETA
 
ah quien estuviera en Buenos Aires y poder asistir a la cita. poder disfrutar de voz víva los poemas fruto de tu pluma.

este poema es hermoso como quisiera logran tan virtuoso talento.
 
Plumas de nieve

Luces blancas, transparentes, olor a cielo,
plumaje y oro que va cayendo al suelo.
Cada partícula es como un querube en vuelo,
tocándose sus alas, descubriendo el viento,
abriéndose para recrear su aliento;
descolgándose sigilosas como algodones bailarines,
cuchicheando en el espacio sus secretos.
Cada una se esparce y van vistiendo los paisajes,
como novias puras y benditas del follaje.

Habitante del jardín y de las noches,
de la acuática marea,
de la travesía del agua y del bajel en ruta;
me quedé absorto entre la nieve,
abstraído y perdido hasta nublarme;
tocando su ligereza, respirando su sencillez,
mirando su ilimitada forma, abarcando su infinita manta,
señalando su nívea cabellera y su lechosa entrega.
Y como nadie, me sentí invitado a su cuerpo y su materia,
a su albina pulcritud de dama.

¡Ah!... Era el reventar de espacios y ajetreos,
la alegría pura, el danzar en la volatilidad de la materia,
el brincar entre la nada, el pintarme de su aureola,
y vestirme blanco, todo blanco…
Y una sonrisa cargada, a nieve y pluma me sabía.

(En atavío claro,
con arreglo fino y distinguido aliño,
yo escribí mi verso: un verso blanco,
así ligero y blanco,
que sirviera de regalo de lo que tengo y valgo,
y darle una sonrisa, de nieve y pluma,
a donde al alma, alegre, se explaye y diga:
Mi sonrisa… ¡A tu blanca bruma!)

¡Nieve, espuma, travesía y garbo al que mi mano toca!

¡Tócame de coral y esponja y que la brisa a ti te escoja!


Salvador Pliego

Salva que poemazo
de los que te he leido
hasta hoy
conservaré este
-no literalmente -
me dejó encantado
un abrazo mi amigo :):)
y estrellas obviamente :::sonreir1::::::sonreir1:::
 
Plumas de nieve

Luces blancas, transparentes, olor a cielo,
plumaje y oro que va cayendo al suelo.
Cada partícula es como un querube en vuelo,
tocándose sus alas, descubriendo el viento,
abriéndose para recrear su aliento;
descolgándose sigilosas como algodones bailarines,
cuchicheando en el espacio sus secretos.
Cada una se esparce y van vistiendo los paisajes,
como novias puras y benditas del follaje.

Habitante del jardín y de las noches,
de la acuática marea,
de la travesía del agua y del bajel en ruta;
me quedé absorto entre la nieve,
abstraído y perdido hasta nublarme;
tocando su ligereza, respirando su sencillez,
mirando su ilimitada forma, abarcando su infinita manta,
señalando su nívea cabellera y su lechosa entrega.
Y como nadie, me sentí invitado a su cuerpo y su materia,
a su albina pulcritud de dama.

¡Ah!... Era el reventar de espacios y ajetreos,
la alegría pura, el danzar en la volatilidad de la materia,
el brincar entre la nada, el pintarme de su aureola,
y vestirme blanco, todo blanco…
Y una sonrisa cargada, a nieve y pluma me sabía.

(En atavío claro,
con arreglo fino y distinguido aliño,
yo escribí mi verso: un verso blanco,
así ligero y blanco,
que sirviera de regalo de lo que tengo y valgo,
y darle una sonrisa, de nieve y pluma,
a donde al alma, alegre, se explaye y diga:
Mi sonrisa… ¡A tu blanca bruma!)

¡Nieve, espuma, travesía y garbo al que mi mano toca!

¡Tócame de coral y esponja y que la brisa a ti te escoja!


Salvador Pliego


Flotando sobre las plumas me senti, en un maravilloso viaje por la blancura, frescura, belleza y pureza de tus verso.

!Reflejos del alma blanca de mi amigo el poeta! !Hermosa inspiración!

Besos, Himinglaeva
 
Mi buen compañero, esa alma tuya tan blanca hace que sean tus versos los más hermosos que se leen, es como una oda a la nieve, a la blancura que no empaña tu sensibilidad y buen hacer, soy yo quien te da las gracias por enseñarnos tanto con estos magistrales versos.
 
Plumas de nieve

Luces blancas, transparentes, olor a cielo,
plumaje y oro que va cayendo al suelo.
Cada partícula es como un querube en vuelo,
tocándose sus alas, descubriendo el viento,
abriéndose para recrear su aliento;
descolgándose sigilosas como algodones bailarines,
cuchicheando en el espacio sus secretos.
Cada una se esparce y van vistiendo los paisajes,
como novias puras y benditas del follaje.
Habitante del jardín y de las noches,
de la acuática marea,
de la travesía del agua y del bajel en ruta;
me quedé absorto entre la nieve,
abstraído y perdido hasta nublarme;
tocando su ligereza, respirando su sencillez,
mirando su ilimitada forma, abarcando su infinita manta,
señalando su nívea cabellera y su lechosa entrega.
Y como nadie, me sentí invitado a su cuerpo y su materia,
a su albina pulcritud de dama.

¡Ah!... Era el reventar de espacios y ajetreos,
la alegría pura, el danzar en la volatilidad de la materia,
el brincar entre la nada, el pintarme de su aureola,
y vestirme blanco, todo blanco…
Y una sonrisa cargada, a nieve y pluma me sabía.

(En atavío claro,
con arreglo fino y distinguido aliño,
yo escribí mi verso: un verso blanco,
así ligero y blanco,
que sirviera de regalo de lo que tengo y valgo,
y darle una sonrisa, de nieve y pluma,
a donde al alma, alegre, se explaye y diga:
Mi sonrisa… ¡A tu blanca bruma!)

¡Nieve, espuma, travesía y garbo al que mi mano toca!

¡Tócame de coral y esponja y que la brisa a ti te escoja!


Salvador Pliego

Novias diáfanas
que visten el tocado
de tus letras,
ambas de sin par belleza.

Salvador me ha encantado leerte nuevamente
un abrazo cariñoso
Carmen Manrique
 
Wow, otra joya que nace de tu mano, poeta.
Te aplaudo a rabiar y dejo aquí la luz primera de todas las estrellas. Para ti, un beso y un abrazo con mi enorme admiración,:::hug:::
 
Tus maravillosos versos me han hecho recordar la nieve… a ese manto blanco que tanto me encanta y que tanto hecho de menos. Hecho de menos la suave caricia, en la cara, de esas estrellitas blancas… hecho de menos bailotear en la nieve, juguetear, hacer muñecos.
Ha sido un gustazo leer esta hermosa poesía. Un saludo.
 
Plumas de nieve

Luces blancas, transparentes, olor a cielo,
plumaje y oro que va cayendo al suelo.
Cada partícula es como un querube en vuelo,
tocándose sus alas, descubriendo el viento,
abriéndose para recrear su aliento;
descolgándose sigilosas como algodones bailarines,
cuchicheando en el espacio sus secretos.
Cada una se esparce y van vistiendo los paisajes,
como novias puras y benditas del follaje.

Habitante del jardín y de las noches,
de la acuática marea,
de la travesía del agua y del bajel en ruta;
me quedé absorto entre la nieve,
abstraído y perdido hasta nublarme;
tocando su ligereza, respirando su sencillez,
mirando su ilimitada forma, abarcando su infinita manta,
señalando su nívea cabellera y su lechosa entrega.
Y como nadie, me sentí invitado a su cuerpo y su materia,
a su albina pulcritud de dama.

¡Ah!... Era el reventar de espacios y ajetreos,
la alegría pura, el danzar en la volatilidad de la materia,
el brincar entre la nada, el pintarme de su aureola,
y vestirme blanco, todo blanco…
Y una sonrisa cargada, a nieve y pluma me sabía.

(En atavío claro,
con arreglo fino y distinguido aliño,
yo escribí mi verso: un verso blanco,
así ligero y blanco,
que sirviera de regalo de lo que tengo y valgo,
y darle una sonrisa, de nieve y pluma,
a donde al alma, alegre, se explaye y diga:
Mi sonrisa… ¡A tu blanca bruma!)

¡Nieve, espuma, travesía y garbo al que mi mano toca!

¡Tócame de coral y esponja y que la brisa a ti te escoja!


Salvador Pliego

Caray cuanta imagen hermosa en este poema. Cierre magico y evocador.

Gracias por compartir.
 
Maestro, es difÌcil ascender,...mantenerse, es para unos pocos elegidos .
Este poema amerita su larga trayectoria.
Mis respetos.
Sinceramente.
Jorge.
 
Profusión de imágenes. Es como si dos niños juguetones entre risas hubieran iniciado una frenética lucha de almohadas y hubieran puesto toda la habitación llena de plumas. Enhorabuena por lo prolífico de tu verbo.
 
plumas de nieve

luces blancas, transparentes, olor a cielo,
plumaje y oro que va cayendo al suelo.
Cada partícula es como un querube en vuelo,
tocándose sus alas, descubriendo el viento,
abriéndose para recrear su aliento;
descolgándose sigilosas como algodones bailarines,
cuchicheando en el espacio sus secretos.
Cada una se esparce y van vistiendo los paisajes,
como novias puras y benditas del follaje.

Habitante del jardín y de las noches,
de la acuática marea,
de la travesía del agua y del bajel en ruta;
me quedé absorto entre la nieve,
abstraído y perdido hasta nublarme;
















tocando su ligereza, respirando su sencillez,
mirando su ilimitada forma, abarcando su infinita manta,
señalando su nívea cabellera y su lechosa entrega.
Y como nadie, me sentí invitado a su cuerpo y su materia,
a su albina pulcritud de dama.

¡ah!... Era el reventar de espacios y ajetreos,
la alegría pura, el danzar en la volatilidad de la materia,
el brincar entre la nada, el pintarme de su aureola,
y vestirme blanco, todo blanco…
y una sonrisa cargada, a nieve y pluma me sabía.

(en atavío claro,
con arreglo fino y distinguido aliño,
yo escribí mi verso: Un verso blanco,
así ligero y blanco,
que sirviera de regalo de lo que tengo y valgo,
y darle una sonrisa, de nieve y pluma,
a donde al alma, alegre, se explaye y diga:
Mi sonrisa… ¡a tu blanca bruma!)

¡nieve, espuma, travesía y garbo al que mi mano toca!

¡tócame de coral y esponja y que la brisa a ti te escoja!


Salvador pliego




! Un cierre exquisito,como solo los buenos poeta como tÚ lo hacen ! Recibe mi aprecio y admiraciÓn...omar
 

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