Glendalis Lugo
Poeta veterano en el portal
[FONT="]Pobre Desdichada
Era una tarde gris y nublada... Valeria, triste y confundida, su motora negra conducía a alta velocidad, recién salida de un centro de rehabilitación, sus venas limpias reclamaban su dosis, pero eso no la confundía. Su tristeza se debía a una noticia que le estremeció el corazón, su amado, al único que le había entregado su amor y hasta tatuado tenía su nombre cerca del corazón, unía su vida a un nuevo amor.
Desesperada por la noticia, escapa de su confinamiento, tenía que detener esa unión y a esa maldita boda llegar, aunque le costara la vida. Sólo le quedaban pocas horas y tenía que encontrar valor, necesitando su adicción, llega al rincón más oscuro y se llena de veneno, más de lo usual, en medio de su confusión, su corazón latía muy rápido, pero se sentía viva otra vez.
Su vista se nublaba, pero tenía que llegar a esa boda, la que un día, hace mucho tiempo atrás, fuera su ilusión. Lágrimas de desesperación se agolpaban en sus ojos, Pedro era su amor, pero su adicción los separó, su corazón nunca lo dejó de amar y a él le pertenecía. Arranca su motora, aun con su mente en niebla, llega a la puerta de la iglesia e irrumpe en ella, detiene la boda, todos miraban perplejos en lo que se había transformado, la belleza de la famosa Valeria se esfumó y se convirtió en un despojo humano, sus ojos azules no brillaban, su pelo, rubio y largo, lucía raído y desaliñado, la que un día fuera Valeria del Rio, estrella famosa y modelo, en nada se había convertido. ¡Maldita droga! como a un ser humano acaba Todos pensaban.
Pedro al verla, casi desmaya, pero no dejaría que ella lo lastimara más, aún amándola, le dio la espalda, la novia miraba con rabia a Valeria, sabía toda la historia, sabia de su desdicha. Valeria al sentir el desprecio de su amado irrumpió en llanto, miró hacia la cruz de nuestro señor y le pidió en silencio (Nunca lo había hecho, no creía en Dios, pero en esos momentos, algo especial sintió). Desesperada, toma la mano de Pedro suplicándole perdón y amor, pero él, ni a sus ojos miró.
De repente todo se volvió negro, trató de agarrarlo fuertemente para robarle un abrazo, pero ya era tarde, su veneno, poco a poco, la vida le había quitado, ante los pies de su amado yacía su cuerpo inerte y sin vida, la famosa Valeria del Rio ya era un cuento. Pedro nunca visitó su tumba y vivió su vida como siempre la soñó vivir con ella.
Fin.
[FONT="]El Alma de un poeta se desvela en cada verso
Era una tarde gris y nublada... Valeria, triste y confundida, su motora negra conducía a alta velocidad, recién salida de un centro de rehabilitación, sus venas limpias reclamaban su dosis, pero eso no la confundía. Su tristeza se debía a una noticia que le estremeció el corazón, su amado, al único que le había entregado su amor y hasta tatuado tenía su nombre cerca del corazón, unía su vida a un nuevo amor.
Desesperada por la noticia, escapa de su confinamiento, tenía que detener esa unión y a esa maldita boda llegar, aunque le costara la vida. Sólo le quedaban pocas horas y tenía que encontrar valor, necesitando su adicción, llega al rincón más oscuro y se llena de veneno, más de lo usual, en medio de su confusión, su corazón latía muy rápido, pero se sentía viva otra vez.
Su vista se nublaba, pero tenía que llegar a esa boda, la que un día, hace mucho tiempo atrás, fuera su ilusión. Lágrimas de desesperación se agolpaban en sus ojos, Pedro era su amor, pero su adicción los separó, su corazón nunca lo dejó de amar y a él le pertenecía. Arranca su motora, aun con su mente en niebla, llega a la puerta de la iglesia e irrumpe en ella, detiene la boda, todos miraban perplejos en lo que se había transformado, la belleza de la famosa Valeria se esfumó y se convirtió en un despojo humano, sus ojos azules no brillaban, su pelo, rubio y largo, lucía raído y desaliñado, la que un día fuera Valeria del Rio, estrella famosa y modelo, en nada se había convertido. ¡Maldita droga! como a un ser humano acaba Todos pensaban.
Pedro al verla, casi desmaya, pero no dejaría que ella lo lastimara más, aún amándola, le dio la espalda, la novia miraba con rabia a Valeria, sabía toda la historia, sabia de su desdicha. Valeria al sentir el desprecio de su amado irrumpió en llanto, miró hacia la cruz de nuestro señor y le pidió en silencio (Nunca lo había hecho, no creía en Dios, pero en esos momentos, algo especial sintió). Desesperada, toma la mano de Pedro suplicándole perdón y amor, pero él, ni a sus ojos miró.
De repente todo se volvió negro, trató de agarrarlo fuertemente para robarle un abrazo, pero ya era tarde, su veneno, poco a poco, la vida le había quitado, ante los pies de su amado yacía su cuerpo inerte y sin vida, la famosa Valeria del Rio ya era un cuento. Pedro nunca visitó su tumba y vivió su vida como siempre la soñó vivir con ella.
Fin.
[FONT="]El Alma de un poeta se desvela en cada verso
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