C
Caperucito
Invitado
Queda poco que dar, podría ser aliento
estertor y no verbo de aprendiz de poeta
ese grito final desde la carne al viento
cuando mi boca llora, se entumece o agrieta.
¿Y si me gasto y mueren las últimas semillas
que germinaban dentro de mí como emociones?
¿Merecerá la pena que raspe con cuchillas
las vísceras y el alma por esas sensaciones?
¿Y si tu voz trepida como las marejadas
del Atlántico Norte con color rojo sangre
y la furia de Eolo sobre arenas calmadas
en vez de estimular logra que me desangre?
Cuando tu nombre colma los vacíos del miedo
desintegro en el aire palabras y sonidos
como una bomba H. Imprudente me excedo
y no entiendo ni yo los bastos alaridos.
estertor y no verbo de aprendiz de poeta
ese grito final desde la carne al viento
cuando mi boca llora, se entumece o agrieta.
¿Y si me gasto y mueren las últimas semillas
que germinaban dentro de mí como emociones?
¿Merecerá la pena que raspe con cuchillas
las vísceras y el alma por esas sensaciones?
¿Y si tu voz trepida como las marejadas
del Atlántico Norte con color rojo sangre
y la furia de Eolo sobre arenas calmadas
en vez de estimular logra que me desangre?
Cuando tu nombre colma los vacíos del miedo
desintegro en el aire palabras y sonidos
como una bomba H. Imprudente me excedo
y no entiendo ni yo los bastos alaridos.