Constantino
Poeta recién llegado
Esta hora se llena de ti.
A partir del primer brinco doloroso de manecillas.
Desde el punto donde tu cuerpo de semilla temerosa se eleva
y bruscamente extiende raíces melancólicas
que como serpientes se escabullen a mi estancia
y me entierran tu veneno caliginoso.
Poseído, alucinante por tu triste narcótico te evoco.
Con mi tosca mano ando cazando imaginarias luciérnagas de tu aura.
Ando cazando imaginarios besos donde tu rubor se ancla.
Ando acechando loco tus iracundos ojos
que diferidamente brotan dolorosos en esta pesarosa hora,
este período que te engulle, te sopla, y polinizas todo.
Esta hora se desnuda y se impregna de ti.
Embriagadora, brota como perfume quebrado, del suelo, tu aroma,
y te veo distante y sola,
como enredadera mansa enredando la sombra,
vertiéndote, derramándote a la noche,
desembocando tu cáliz profundo.
De ti se inunda esta hora, magnética y sin tregua.
Constantino H.
A partir del primer brinco doloroso de manecillas.
Desde el punto donde tu cuerpo de semilla temerosa se eleva
y bruscamente extiende raíces melancólicas
que como serpientes se escabullen a mi estancia
y me entierran tu veneno caliginoso.
Poseído, alucinante por tu triste narcótico te evoco.
Con mi tosca mano ando cazando imaginarias luciérnagas de tu aura.
Ando cazando imaginarios besos donde tu rubor se ancla.
Ando acechando loco tus iracundos ojos
que diferidamente brotan dolorosos en esta pesarosa hora,
este período que te engulle, te sopla, y polinizas todo.
Esta hora se desnuda y se impregna de ti.
Embriagadora, brota como perfume quebrado, del suelo, tu aroma,
y te veo distante y sola,
como enredadera mansa enredando la sombra,
vertiéndote, derramándote a la noche,
desembocando tu cáliz profundo.
De ti se inunda esta hora, magnética y sin tregua.
Constantino H.
Última edición: