hernanchi95
Poeta recién llegado
El vacío corrompe,
fenece la luz,
adula la ausencia
y martiriza el sentir.
Los propósitos erosionan
como en un millón de años, pero no
disfruta, ríe o añora;
indiferente e impasible dolor.
Permanece frío, cual armonía
de la muerte áspera,
el mártir agoniza
invocando al falso Señor.
Todo subyace
dentro del alma vacía,
sangra violento, tras de sí,
un mar de incertidumbre.
Lentamente pulveriza,
despoja la fe y la esperanza,
mas ha de clamar el suplicio
de su víctima ya no viva.
El alma escapa,
en un frenesí de congoja,
malherida en el naufragio
de los sueños rotos.
Observa y retrae,
contemplando el dulce letargo
de añoranzas, utopías innobles
que un día la concibieron.
Mas ya no es,
porque lo que no vive,
deja de ser,
cual existir sin esencia.
Desaparece, y trae consigo
la reflexión de vivir
sin despertar, y vagar
escudriñando un sinsentido.
Hernán Rodríguez ©
fenece la luz,
adula la ausencia
y martiriza el sentir.
Los propósitos erosionan
como en un millón de años, pero no
disfruta, ríe o añora;
indiferente e impasible dolor.
Permanece frío, cual armonía
de la muerte áspera,
el mártir agoniza
invocando al falso Señor.
Todo subyace
dentro del alma vacía,
sangra violento, tras de sí,
un mar de incertidumbre.
Lentamente pulveriza,
despoja la fe y la esperanza,
mas ha de clamar el suplicio
de su víctima ya no viva.
El alma escapa,
en un frenesí de congoja,
malherida en el naufragio
de los sueños rotos.
Observa y retrae,
contemplando el dulce letargo
de añoranzas, utopías innobles
que un día la concibieron.
Mas ya no es,
porque lo que no vive,
deja de ser,
cual existir sin esencia.
Desaparece, y trae consigo
la reflexión de vivir
sin despertar, y vagar
escudriñando un sinsentido.
Hernán Rodríguez ©
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