Poema ciento cinco

Cris Cam

Poeta adicto al portal
Poema ciento cinco

A Gala

No, ya no estoy para esos trotes.
Tengo un pobre recuento de calcitonina,
que me producirá osteoporosis, reuma o artrosis.
Una profunda cisura en el corazón,
provocada por noches de ausencia.

Creo que ya he dejado la pubertad.
No estoy para montañas rusas.
Vuelos en parapentes.
Cruzar boca abajo el arco del triunfo.
Concretar maratones de sexo.

Puedo bailar, aún, eso sí,
al son del vino,
un sentido, ventral y viscoso blue,
haciéndome gaviota macho,
aunque se me caiga la dentadura.

O cantar viejas melodías,
de cada uno de mis amores,
con su correspondiente abandono,
a escondidas, como mis lágrimas.

O dejar que mis dedos,
hagan una escalera de tonos,
en la pianola de una espalda,
rompiendo pentagramas de cuarzo,
antes de las campanas.

Es posible,
por mi sentido de contramano,
que haya nacido viejo,
en placentas sietemesinas,
saludos respetuosos a las vecinas,
correcta postura en la vertical y el flic-flac.

Y ahora.
En lugar de aceitar escopetas,
hacer asado con mis celos filiales,
y recibir el arroz ritual.
Me duelen los perfumes a limón,
las escaleras al cielo,
las manchas de humedad,
los burritos que beben estrellas de un cubo,
los paseos de reinas y violadores en moto.

Ya no podré habitar el lado oculto de la luna,
tan sólo escuchar sus eclipses.
De nada me valdrá cortarme la oreja,
arrojarme de un octavo a la pileta,
beber veneno del frasco equivocado,
asaltar bancos con ametralladora,
hibernarme para esperar, esperar y esperar.

Es imprudente cruzar a nado el Suquia,
contar el números de los dedos,
regar el pino de San Lorenzo,
comer helado en invierno.

No podré pagar la deuda externa,
ni derrotar al ejercito de ocupación;
no podré ganar el Nóbel de la Paciencia,
ni ganarle a los relojes de arena.

Será una señal clara de locura,
tratar de respirar el aire de sus pulmones,
robarle la tinta de la birome,
pero también, sustraerme de su voz,
y restarme al núcleo de sus vórtices.

Es que, aunque me asile de inviernos y cactus,
me invadirán, de todos modos,
sus palabras en la virtualidad cósmica

No puedo escapar.
Le robaré, fatal e inevitable,
ojos hasta que me odie,
ya que no podré hacer que me ame,
(lástima para mi orgullo).
O, cansado de latidos, y ahíto de respeto,
me despida hasta otra primavera.

Estoy convencido,
que debo despertar,
hacerme flecha de mí mismo,
cruzar los campos,
buscar mi código de identificación,
mi club de pertenencia,
cazar mariposas de atardecer,
jugar con las chicas de mi edad.

Ya me diagnosticaron sordera, despiste,
incorrección y falta de tacto.
Será el tiempo de dejar de hacer lo correcto,
comenzar a hacer lo incorrecto, lo no debido,
para amanecerme y buscarme un nuevo lugar.

Y es muy bueno,
aun puedo esperar un amanecer de rosa,
no sé si hoy o quizá mañana,
sin miedo a las estacas,
morir fuera del sarcófago.

2000
 
Poema ciento cinco

A Gala

No, ya no estoy para esos trotes.
Tengo un pobre recuento de calcitonina,
que me producirá osteoporosis, reuma o artrosis.
Una profunda cisura en el corazón,
provocada por noches de ausencia.

Creo que ya he dejado la pubertad.
No estoy para montañas rusas.
Vuelos en parapentes.
Cruzar boca abajo el arco del triunfo.
Concretar maratones de sexo.

Puedo bailar, aún, eso sí,
al son del vino,
un sentido, ventral y viscoso blue,
haciéndome gaviota macho,
aunque se me caiga la dentadura.

O cantar viejas melodías,
de cada uno de mis amores,
con su correspondiente abandono,
a escondidas, como mis lágrimas.

O dejar que mis dedos,
hagan una escalera de tonos,
en la pianola de una espalda,
rompiendo pentagramas de cuarzo,
antes de las campanas.

Es posible,
por mi sentido de contramano,
que haya nacido viejo,
en placentas sietemesinas,
saludos respetuosos a las vecinas,
correcta postura en la vertical y el flic-flac.

Y ahora.
En lugar de aceitar escopetas,
hacer asado con mis celos filiales,
y recibir el arroz ritual.
Me duelen los perfumes a limón,
las escaleras al cielo,
las manchas de humedad,
los burritos que beben estrellas de un cubo,
los paseos de reinas y violadores en moto.

Ya no podré habitar el lado oculto de la luna,
tan sólo escuchar sus eclipses.
De nada me valdrá cortarme la oreja,
arrojarme de un octavo a la pileta,
beber veneno del frasco equivocado,
asaltar bancos con ametralladora,
hibernarme para esperar, esperar y esperar.

Es imprudente cruzar a nado el Suquia,
contar el números de los dedos,
regar el pino de San Lorenzo,
comer helado en invierno.

No podré pagar la deuda externa,
ni derrotar al ejercito de ocupación;
no podré ganar el Nóbel de la Paciencia,
ni ganarle a los relojes de arena.

Será una señal clara de locura,
tratar de respirar el aire de sus pulmones,
robarle la tinta de la birome,
pero también, sustraerme de su voz,
y restarme al núcleo de sus vórtices.

Es que, aunque me asile de inviernos y cactus,
me invadirán, de todos modos,
sus palabras en la virtualidad cósmica

No puedo escapar.
Le robaré, fatal e inevitable,
ojos hasta que me odie,
ya que no podré hacer que me ame,
(lástima para mi orgullo).
O, cansado de latidos, y ahíto de respeto,
me despida hasta otra primavera.

Estoy convencido,
que debo despertar,
hacerme flecha de mí mismo,
cruzar los campos,
buscar mi código de identificación,
mi club de pertenencia,
cazar mariposas de atardecer,
jugar con las chicas de mi edad.

Ya me diagnosticaron sordera, despiste,
incorrección y falta de tacto.
Será el tiempo de dejar de hacer lo correcto,
comenzar a hacer lo incorrecto, lo no debido,
para amanecerme y buscarme un nuevo lugar.

Y es muy bueno,
aun puedo esperar un amanecer de rosa,
no sé si hoy o quizá mañana,
sin miedo a las estacas,
morir fuera del sarcófago.

2000
Serán los años, pero conforme va avanzando ciertas cosas ya no tienen sentido. Hay un tiempo para todo. Tu poema me trajo esta reflexión. Saludos
 
Serán los años, pero conforme va avanzando ciertas cosas ya no tienen sentido. Hay un tiempo para todo. Tu poema me trajo esta reflexión. Saludos

Y eso que tiene algunos años, la musa se casó, se separó se volvió a casar, tiene tres hijos. Conocí al mayor Joaquín, no a Francisco y de la nena ni el nombre. Tiempos pasados.
 
Poema ciento cinco

A Gala

No, ya no estoy para esos trotes.
Tengo un pobre recuento de calcitonina,
que me producirá osteoporosis, reuma o artrosis.
Una profunda cisura en el corazón,
provocada por noches de ausencia.

Creo que ya he dejado la pubertad.
No estoy para montañas rusas.
Vuelos en parapentes.
Cruzar boca abajo el arco del triunfo.
Concretar maratones de sexo.

Puedo bailar, aún, eso sí,
al son del vino,
un sentido, ventral y viscoso blue,
haciéndome gaviota macho,
aunque se me caiga la dentadura.

O cantar viejas melodías,
de cada uno de mis amores,
con su correspondiente abandono,
a escondidas, como mis lágrimas.

O dejar que mis dedos,
hagan una escalera de tonos,
en la pianola de una espalda,
rompiendo pentagramas de cuarzo,
antes de las campanas.

Es posible,
por mi sentido de contramano,
que haya nacido viejo,
en placentas sietemesinas,
saludos respetuosos a las vecinas,
correcta postura en la vertical y el flic-flac.

Y ahora.
En lugar de aceitar escopetas,
hacer asado con mis celos filiales,
y recibir el arroz ritual.
Me duelen los perfumes a limón,
las escaleras al cielo,
las manchas de humedad,
los burritos que beben estrellas de un cubo,
los paseos de reinas y violadores en moto.

Ya no podré habitar el lado oculto de la luna,
tan sólo escuchar sus eclipses.
De nada me valdrá cortarme la oreja,
arrojarme de un octavo a la pileta,
beber veneno del frasco equivocado,
asaltar bancos con ametralladora,
hibernarme para esperar, esperar y esperar.

Es imprudente cruzar a nado el Suquia,
contar el números de los dedos,
regar el pino de San Lorenzo,
comer helado en invierno.

No podré pagar la deuda externa,
ni derrotar al ejercito de ocupación;
no podré ganar el Nóbel de la Paciencia,
ni ganarle a los relojes de arena.

Será una señal clara de locura,
tratar de respirar el aire de sus pulmones,
robarle la tinta de la birome,
pero también, sustraerme de su voz,
y restarme al núcleo de sus vórtices.

Es que, aunque me asile de inviernos y cactus,
me invadirán, de todos modos,
sus palabras en la virtualidad cósmica

No puedo escapar.
Le robaré, fatal e inevitable,
ojos hasta que me odie,
ya que no podré hacer que me ame,
(lástima para mi orgullo).
O, cansado de latidos, y ahíto de respeto,
me despida hasta otra primavera.

Estoy convencido,
que debo despertar,
hacerme flecha de mí mismo,
cruzar los campos,
buscar mi código de identificación,
mi club de pertenencia,
cazar mariposas de atardecer,
jugar con las chicas de mi edad.

Ya me diagnosticaron sordera, despiste,
incorrección y falta de tacto.
Será el tiempo de dejar de hacer lo correcto,
comenzar a hacer lo incorrecto, lo no debido,
para amanecerme y buscarme un nuevo lugar.

Y es muy bueno,
aun puedo esperar un amanecer de rosa,
no sé si hoy o quizá mañana,
sin miedo a las estacas,
morir fuera del sarcófago.

2000
El tiempo nos deja huella, ojalá arrasará con nuestros males...al menos el amor está ahí, pero puede que no siempre.
Un placer.
Saludos.
 
TU TEMA ELEGIDO

"MENCIÓN ESPECIAL"

del MES

images

MUNDOPOESIA.COM
 
Ya me diagnosticaron sordera, despiste,
incorrección y falta de tacto.
Será el tiempo de dejar de hacer lo correcto,
comenzar a hacer lo incorrecto, lo no debido,
para amanecerme y buscarme un nuevo lugar.

Y esto fue en el 2000, espero que estés bien, amigo.
Y que haciendo lo incorrecto haya ido mejor.

Abrazos, hasta otra.
 
Poema ciento cinco

A Gala

No, ya no estoy para esos trotes.
Tengo un pobre recuento de calcitonina,
que me producirá osteoporosis, reuma o artrosis.
Una profunda cisura en el corazón,
provocada por noches de ausencia.

Creo que ya he dejado la pubertad.
No estoy para montañas rusas.
Vuelos en parapentes.
Cruzar boca abajo el arco del triunfo.
Concretar maratones de sexo.

Puedo bailar, aún, eso sí,
al son del vino,
un sentido, ventral y viscoso blue,
haciéndome gaviota macho,
aunque se me caiga la dentadura.

O cantar viejas melodías,
de cada uno de mis amores,
con su correspondiente abandono,
a escondidas, como mis lágrimas.

O dejar que mis dedos,
hagan una escalera de tonos,
en la pianola de una espalda,
rompiendo pentagramas de cuarzo,
antes de las campanas.

Es posible,
por mi sentido de contramano,
que haya nacido viejo,
en placentas sietemesinas,
saludos respetuosos a las vecinas,
correcta postura en la vertical y el flic-flac.

Y ahora.
En lugar de aceitar escopetas,
hacer asado con mis celos filiales,
y recibir el arroz ritual.
Me duelen los perfumes a limón,
las escaleras al cielo,
las manchas de humedad,
los burritos que beben estrellas de un cubo,
los paseos de reinas y violadores en moto.

Ya no podré habitar el lado oculto de la luna,
tan sólo escuchar sus eclipses.
De nada me valdrá cortarme la oreja,
arrojarme de un octavo a la pileta,
beber veneno del frasco equivocado,
asaltar bancos con ametralladora,
hibernarme para esperar, esperar y esperar.

Es imprudente cruzar a nado el Suquia,
contar el números de los dedos,
regar el pino de San Lorenzo,
comer helado en invierno.

No podré pagar la deuda externa,
ni derrotar al ejercito de ocupación;
no podré ganar el Nóbel de la Paciencia,
ni ganarle a los relojes de arena.

Será una señal clara de locura,
tratar de respirar el aire de sus pulmones,
robarle la tinta de la birome,
pero también, sustraerme de su voz,
y restarme al núcleo de sus vórtices.

Es que, aunque me asile de inviernos y cactus,
me invadirán, de todos modos,
sus palabras en la virtualidad cósmica

No puedo escapar.
Le robaré, fatal e inevitable,
ojos hasta que me odie,
ya que no podré hacer que me ame,
(lástima para mi orgullo).
O, cansado de latidos, y ahíto de respeto,
me despida hasta otra primavera.

Estoy convencido,
que debo despertar,
hacerme flecha de mí mismo,
cruzar los campos,
buscar mi código de identificación,
mi club de pertenencia,
cazar mariposas de atardecer,
jugar con las chicas de mi edad.

Ya me diagnosticaron sordera, despiste,
incorrección y falta de tacto.
Será el tiempo de dejar de hacer lo correcto,
comenzar a hacer lo incorrecto, lo no debido,
para amanecerme y buscarme un nuevo lugar.

Y es muy bueno,
aun puedo esperar un amanecer de rosa,
no sé si hoy o quizá mañana,
sin miedo a las estacas,
morir fuera del sarcófago.

2000
una de las tantas obras que merecen ser premiadas, por tu originalidad y fluido lenguaje, me alegra por ti Cris, un saludos cordial para vos
 
Poema ciento cinco

A Gala

No, ya no estoy para esos trotes.
Tengo un pobre recuento de calcitonina,
que me producirá osteoporosis, reuma o artrosis.
Una profunda cisura en el corazón,
provocada por noches de ausencia.

Creo que ya he dejado la pubertad.
No estoy para montañas rusas.
Vuelos en parapentes.
Cruzar boca abajo el arco del triunfo.
Concretar maratones de sexo.

Puedo bailar, aún, eso sí,
al son del vino,
un sentido, ventral y viscoso blue,
haciéndome gaviota macho,
aunque se me caiga la dentadura.

O cantar viejas melodías,
de cada uno de mis amores,
con su correspondiente abandono,
a escondidas, como mis lágrimas.

O dejar que mis dedos,
hagan una escalera de tonos,
en la pianola de una espalda,
rompiendo pentagramas de cuarzo,
antes de las campanas.

Es posible,
por mi sentido de contramano,
que haya nacido viejo,
en placentas sietemesinas,
saludos respetuosos a las vecinas,
correcta postura en la vertical y el flic-flac.

Y ahora.
En lugar de aceitar escopetas,
hacer asado con mis celos filiales,
y recibir el arroz ritual.
Me duelen los perfumes a limón,
las escaleras al cielo,
las manchas de humedad,
los burritos que beben estrellas de un cubo,
los paseos de reinas y violadores en moto.

Ya no podré habitar el lado oculto de la luna,
tan sólo escuchar sus eclipses.
De nada me valdrá cortarme la oreja,
arrojarme de un octavo a la pileta,
beber veneno del frasco equivocado,
asaltar bancos con ametralladora,
hibernarme para esperar, esperar y esperar.

Es imprudente cruzar a nado el Suquia,
contar el números de los dedos,
regar el pino de San Lorenzo,
comer helado en invierno.

No podré pagar la deuda externa,
ni derrotar al ejercito de ocupación;
no podré ganar el Nóbel de la Paciencia,
ni ganarle a los relojes de arena.

Será una señal clara de locura,
tratar de respirar el aire de sus pulmones,
robarle la tinta de la birome,
pero también, sustraerme de su voz,
y restarme al núcleo de sus vórtices.

Es que, aunque me asile de inviernos y cactus,
me invadirán, de todos modos,
sus palabras en la virtualidad cósmica

No puedo escapar.
Le robaré, fatal e inevitable,
ojos hasta que me odie,
ya que no podré hacer que me ame,
(lástima para mi orgullo).
O, cansado de latidos, y ahíto de respeto,
me despida hasta otra primavera.

Estoy convencido,
que debo despertar,
hacerme flecha de mí mismo,
cruzar los campos,
buscar mi código de identificación,
mi club de pertenencia,
cazar mariposas de atardecer,
jugar con las chicas de mi edad.

Ya me diagnosticaron sordera, despiste,
incorrección y falta de tacto.
Será el tiempo de dejar de hacer lo correcto,
comenzar a hacer lo incorrecto, lo no debido,
para amanecerme y buscarme un nuevo lugar.

Y es muy bueno,
aun puedo esperar un amanecer de rosa,
no sé si hoy o quizá mañana,
sin miedo a las estacas,
morir fuera del sarcófago.

2000
El tiempo va acabalgando aquellos espacios que nos pierden, la tregua
es tan intima que desde los recuerdos aun se acariacia esa velada luz
de amor signada. excelente pues los amores viejos se impregnan de
silencio. saludos afectuosos de luzyabsenta
 
Poema ciento cinco

A Gala

No, ya no estoy para esos trotes.
Tengo un pobre recuento de calcitonina,
que me producirá osteoporosis, reuma o artrosis.
Una profunda cisura en el corazón,
provocada por noches de ausencia.

Creo que ya he dejado la pubertad.
No estoy para montañas rusas.
Vuelos en parapentes.
Cruzar boca abajo el arco del triunfo.
Concretar maratones de sexo.

Puedo bailar, aún, eso sí,
al son del vino,
un sentido, ventral y viscoso blue,
haciéndome gaviota macho,
aunque se me caiga la dentadura.

O cantar viejas melodías,
de cada uno de mis amores,
con su correspondiente abandono,
a escondidas, como mis lágrimas.

O dejar que mis dedos,
hagan una escalera de tonos,
en la pianola de una espalda,
rompiendo pentagramas de cuarzo,
antes de las campanas.

Es posible,
por mi sentido de contramano,
que haya nacido viejo,
en placentas sietemesinas,
saludos respetuosos a las vecinas,
correcta postura en la vertical y el flic-flac.

Y ahora.
En lugar de aceitar escopetas,
hacer asado con mis celos filiales,
y recibir el arroz ritual.
Me duelen los perfumes a limón,
las escaleras al cielo,
las manchas de humedad,
los burritos que beben estrellas de un cubo,
los paseos de reinas y violadores en moto.

Ya no podré habitar el lado oculto de la luna,
tan sólo escuchar sus eclipses.
De nada me valdrá cortarme la oreja,
arrojarme de un octavo a la pileta,
beber veneno del frasco equivocado,
asaltar bancos con ametralladora,
hibernarme para esperar, esperar y esperar.

Es imprudente cruzar a nado el Suquia,
contar el números de los dedos,
regar el pino de San Lorenzo,
comer helado en invierno.

No podré pagar la deuda externa,
ni derrotar al ejercito de ocupación;
no podré ganar el Nóbel de la Paciencia,
ni ganarle a los relojes de arena.

Será una señal clara de locura,
tratar de respirar el aire de sus pulmones,
robarle la tinta de la birome,
pero también, sustraerme de su voz,
y restarme al núcleo de sus vórtices.

Es que, aunque me asile de inviernos y cactus,
me invadirán, de todos modos,
sus palabras en la virtualidad cósmica

No puedo escapar.
Le robaré, fatal e inevitable,
ojos hasta que me odie,
ya que no podré hacer que me ame,
(lástima para mi orgullo).
O, cansado de latidos, y ahíto de respeto,
me despida hasta otra primavera.

Estoy convencido,
que debo despertar,
hacerme flecha de mí mismo,
cruzar los campos,
buscar mi código de identificación,
mi club de pertenencia,
cazar mariposas de atardecer,
jugar con las chicas de mi edad.

Ya me diagnosticaron sordera, despiste,
incorrección y falta de tacto.
Será el tiempo de dejar de hacer lo correcto,
comenzar a hacer lo incorrecto, lo no debido,
para amanecerme y buscarme un nuevo lugar.

Y es muy bueno,
aun puedo esperar un amanecer de rosa,
no sé si hoy o quizá mañana,
sin miedo a las estacas,
morir fuera del sarcófago.

2000

Una maravilla de poema amigo Cris, me ha encantado, enhorabuena. Un placer saber de tu arte con las palabras. Saludos, felices días.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba