Pablo Beneventano
Poeta recién llegado
Apreté sus racimos de uvas
y bebí de su sudor
deslizando por su hermosura
a la hora justo en punto
en donde en carcajadas
se ríen los minutos.
No tendré recuerdo más
que éste,
el de mi lengua
apretando su garganta;
tantas palabras hemos dicho
que al final cuidé
que muriera en un solo suspiro.
Quizás no me ame
pero sé que se acuerda
la hora en que Cristo prendió las velas,
naufragando en aguas impuras
orientándonos con el tacto,
entre gemidos y palpitaciones
fuimos ahogándonos hasta con el llanto.
Nada quedó al amanecer
sólo la quietud
el silencio
y algunos besos desparramados
en cristales transpirados.
P.B.
y bebí de su sudor
deslizando por su hermosura
a la hora justo en punto
en donde en carcajadas
se ríen los minutos.
No tendré recuerdo más
que éste,
el de mi lengua
apretando su garganta;
tantas palabras hemos dicho
que al final cuidé
que muriera en un solo suspiro.
Quizás no me ame
pero sé que se acuerda
la hora en que Cristo prendió las velas,
naufragando en aguas impuras
orientándonos con el tacto,
entre gemidos y palpitaciones
fuimos ahogándonos hasta con el llanto.
Nada quedó al amanecer
sólo la quietud
el silencio
y algunos besos desparramados
en cristales transpirados.
P.B.