ASTRO_MUERTO
Poeta fiel al portal
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POEMA DE DESPEDIDA A UNA DIVA EN SUCIEDAD
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Mi muy despampanante, alegre, sofisticada y sociable señora mía:
mi intención con este gran poema (aunque algunos piensen que es prosa)
no es hacerle saber que me apagaré; por el contrario,
la luz en los astros solitarios es más brillante,
con tal que la densidad no les rompa el equilibrio
y explosionen
manchando la página con un gran black-hole
o alguna remanencia de supernova, pero ese es otro tema.
Para empezar y terminar de una buena vez,
he de decirle que me importa un pepino lo que usted haga
o deje de hacer, y esto incluye sus muy sorprendentes éxitos.
La acaricié en varias ocasiones, lo sé bien;
también tomé su mano cuando me sentí solo
y me exprimí el cerebro al máximo con tal de sorprenderla,
sin embargo, nunca me entendió nada.
Y la acompañé innumerables veces
siempre aparentando disfrutar de su compañía,
pero yo llego hasta aquí no más.
Hice todo lo que pude por soportarle.
CHAO.
Y si alguna vez me ve tirado en una cuneta,
acarreando una pala al hombro o lustrándole las botas a alguno de sus hijos,
cuénteles a todos que fracasé en la vida,
que cometí todos los errores porque quise, no porque no me dio, como dicen;
que nunca creí en el sistema,
que siempre dije que no iba a querer, no a no poder,
y que pobre, sucio, horrible y todo,
pude hacer cosas que muy pocos de sus hijos podrían replicar.
Hasta nunca,
y gracias por los libros,
por el pan y la ropa.
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POEMA DE DESPEDIDA A UNA DIVA EN SUCIEDAD
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Mi muy despampanante, alegre, sofisticada y sociable señora mía:
mi intención con este gran poema (aunque algunos piensen que es prosa)
no es hacerle saber que me apagaré; por el contrario,
la luz en los astros solitarios es más brillante,
con tal que la densidad no les rompa el equilibrio
y explosionen
manchando la página con un gran black-hole
o alguna remanencia de supernova, pero ese es otro tema.
Para empezar y terminar de una buena vez,
he de decirle que me importa un pepino lo que usted haga
o deje de hacer, y esto incluye sus muy sorprendentes éxitos.
La acaricié en varias ocasiones, lo sé bien;
también tomé su mano cuando me sentí solo
y me exprimí el cerebro al máximo con tal de sorprenderla,
sin embargo, nunca me entendió nada.
Y la acompañé innumerables veces
siempre aparentando disfrutar de su compañía,
pero yo llego hasta aquí no más.
Hice todo lo que pude por soportarle.
CHAO.
Y si alguna vez me ve tirado en una cuneta,
acarreando una pala al hombro o lustrándole las botas a alguno de sus hijos,
cuénteles a todos que fracasé en la vida,
que cometí todos los errores porque quise, no porque no me dio, como dicen;
que nunca creí en el sistema,
que siempre dije que no iba a querer, no a no poder,
y que pobre, sucio, horrible y todo,
pude hacer cosas que muy pocos de sus hijos podrían replicar.
Hasta nunca,
y gracias por los libros,
por el pan y la ropa.
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