Birbiloke
Poeta adicto al portal
Si levantaras la cabeza podrías verme aquí y ahora...sin vida,
pues la muerte recicló,
mis sentimientos
en oscura penumbra sin latidos.
Viejo carcamal... ¡ cállate!... o te remato.
Hoy martes, Dios de la guerra,
lanza sus rayos contra mi
y solo dispongo de armamento,
mariposas de ventrículos alados
y algo de alcanfor y naftalina
con qué aullentar los mosquitos.
Hoy martes vengo del esplendor de la belleza, que no se detiene ante el enemigo.
Marcha fúnebre de áurea gloriosa
y cánticos de irrealidad en mi mente.
Yo los creo y ellos se juntan amorosos y abrazados
en el corro de la patata.
Pero nada me vale,
solo su silencio.
Y vienen de gritos y poca empatía,
más bien de odio,
contra el inocente
a quién colgar.
Hoy martes Dios de la guerra,
desenfundan espadas y algún disparo traicionero por la espalda,
algún inocente caído y daños colaterales,
salvando un mal mayor.
Y no me rio, ¡no!,
después muerto que lo entierren,
fuera del campo sagrado
pues era ateo.
Sin cruz y sin luna,
sin estrellas de Buda.
Y con suerte un alma piadosa esparció las cenizas
entre vuelos de gaviotas,
alimentando peces
y un resto depositado.,
creciendo tomates,
berenjenas y algún melón en mi cabeza.
pues la muerte recicló,
mis sentimientos
en oscura penumbra sin latidos.
Viejo carcamal... ¡ cállate!... o te remato.
Hoy martes, Dios de la guerra,
lanza sus rayos contra mi
y solo dispongo de armamento,
mariposas de ventrículos alados
y algo de alcanfor y naftalina
con qué aullentar los mosquitos.
Hoy martes vengo del esplendor de la belleza, que no se detiene ante el enemigo.
Marcha fúnebre de áurea gloriosa
y cánticos de irrealidad en mi mente.
Yo los creo y ellos se juntan amorosos y abrazados
en el corro de la patata.
Pero nada me vale,
solo su silencio.
Y vienen de gritos y poca empatía,
más bien de odio,
contra el inocente
a quién colgar.
Hoy martes Dios de la guerra,
desenfundan espadas y algún disparo traicionero por la espalda,
algún inocente caído y daños colaterales,
salvando un mal mayor.
Y no me rio, ¡no!,
después muerto que lo entierren,
fuera del campo sagrado
pues era ateo.
Sin cruz y sin luna,
sin estrellas de Buda.
Y con suerte un alma piadosa esparció las cenizas
entre vuelos de gaviotas,
alimentando peces
y un resto depositado.,
creciendo tomates,
berenjenas y algún melón en mi cabeza.