En esta noche silenciosa y tersa en que despierto tranquilo,
te descubro hermosa y serena,
De pie, ingrávida, sobre el agua mansa del manso río.
Nada me aflige, nada distrae mi atención tan fija a tus ojos:
cuencas en que luciérnagas fulgorosas se anidan.
Mi ánimo industrioso por saber de ti me insta a romper lo inaudible,
pero llevando el dedo índice a tus labios clamas silencio, dignidad.
Todo está dicho, y es que todo está dicho y yo ya nada puedo hacer.
Mientras delgados hilos de baja neblina pasan entre nosotros, acariciando tu blanco rostro, mi valentía quebradiza abre paso a una tranquilidad imperturbable. Vienes por mi, lo sé, no hace falta la palabra.
Que nadie diga que no viví, muerte mía
Que nadie diga que no morí, vida mía.
te descubro hermosa y serena,
De pie, ingrávida, sobre el agua mansa del manso río.
Nada me aflige, nada distrae mi atención tan fija a tus ojos:
cuencas en que luciérnagas fulgorosas se anidan.
Mi ánimo industrioso por saber de ti me insta a romper lo inaudible,
pero llevando el dedo índice a tus labios clamas silencio, dignidad.
Todo está dicho, y es que todo está dicho y yo ya nada puedo hacer.
Mientras delgados hilos de baja neblina pasan entre nosotros, acariciando tu blanco rostro, mi valentía quebradiza abre paso a una tranquilidad imperturbable. Vienes por mi, lo sé, no hace falta la palabra.
Que nadie diga que no viví, muerte mía
Que nadie diga que no morí, vida mía.