EL IMIAMENSE
Poeta
Poema del odio
"Dedicado a las mujeres de mi vida"
Quiero a una mujer,
que carga con tápers,
cuando se va al trabajo.
A ella, que pasa de vez en vez,
de tacones o bragas,
aborrece las jeringas
y prefiere mis remedios caseros.
La quiero, si recicla o no recicla.
Si planifica un maratón nocturno
de Star Wars y recalienta el café.
La adoro también
cada vez que se deja,
al gato, y a mi, sin comida.
Odio a esa mujer,
cuando adivina lo que pienso
y le duele donde me duele.
Si me cede el último bocado
y el mejor sitio para ver la tele.
La odio a ella: agresiva- pasiva
por hacerme sentir,
como un chato de vino.
Evito a una mujer,
que se empeña
en planchar mis camisas.
La eludo por salud- y a la lámpara,
donde esconde su genio y sus colirios.
Ignoro (y todo sea por la paz)
las incontables alergias,
el olor de su coche,
el tapiz de otro siglo,
su aversión por las carnes.
No excluyo sus muchas colecciones.
Admiro a una mujer,
que me conoce fuera y dentro.
Muchísimo más,
que mi madre y la vida.
Me fascina, porqué aguanta mis desvaríos,
la falsa madurez de único hijo
y soporta el triple sentido
de mi humor negro.
La admiro por conseguir,
cambiar de posición,
semana tras semana
los muebles de la casa.
Amo a esa mujer,
gracias a los traumas compartidos
y en honor, a nuestra historia.
La amo con pasado triste y olor a cigarros.
Si no sabe bailar o cocina de miedo.
La acompaño,sin tomar en cuenta,
su violencia de niña mimada.
Sus inocuas uñas, la mirada, la rabia,
que aparentan, las de una asesina.
Sin embargo la amo:
Por aquella bondad
que la persigue,como un perro faldero.
Porqué entiende, que me importan,
recuerdos y premios.
A pesar de mi madre y mi pasado,
de los enfados y perdones,
de mis exilios cercanos o lejanos.
Disfruto indiferente, el feminismo de ellas,
que consigue pararme los pies
y me sugiere a cada minuto, intentar olvidarles.
Copyright EL IMIAMENSE
"Dedicado a las mujeres de mi vida"
Quiero a una mujer,
que carga con tápers,
cuando se va al trabajo.
A ella, que pasa de vez en vez,
de tacones o bragas,
aborrece las jeringas
y prefiere mis remedios caseros.
La quiero, si recicla o no recicla.
Si planifica un maratón nocturno
de Star Wars y recalienta el café.
La adoro también
cada vez que se deja,
al gato, y a mi, sin comida.
Odio a esa mujer,
cuando adivina lo que pienso
y le duele donde me duele.
Si me cede el último bocado
y el mejor sitio para ver la tele.
La odio a ella: agresiva- pasiva
por hacerme sentir,
como un chato de vino.
Evito a una mujer,
que se empeña
en planchar mis camisas.
La eludo por salud- y a la lámpara,
donde esconde su genio y sus colirios.
Ignoro (y todo sea por la paz)
las incontables alergias,
el olor de su coche,
el tapiz de otro siglo,
su aversión por las carnes.
No excluyo sus muchas colecciones.
Admiro a una mujer,
que me conoce fuera y dentro.
Muchísimo más,
que mi madre y la vida.
Me fascina, porqué aguanta mis desvaríos,
la falsa madurez de único hijo
y soporta el triple sentido
de mi humor negro.
La admiro por conseguir,
cambiar de posición,
semana tras semana
los muebles de la casa.
Amo a esa mujer,
gracias a los traumas compartidos
y en honor, a nuestra historia.
La amo con pasado triste y olor a cigarros.
Si no sabe bailar o cocina de miedo.
La acompaño,sin tomar en cuenta,
su violencia de niña mimada.
Sus inocuas uñas, la mirada, la rabia,
que aparentan, las de una asesina.
Sin embargo la amo:
Por aquella bondad
que la persigue,como un perro faldero.
Porqué entiende, que me importan,
recuerdos y premios.
A pesar de mi madre y mi pasado,
de los enfados y perdones,
de mis exilios cercanos o lejanos.
Disfruto indiferente, el feminismo de ellas,
que consigue pararme los pies
y me sugiere a cada minuto, intentar olvidarles.
Copyright EL IMIAMENSE