joel.mzj
Joel Méndez Justo (Leo J.)
¿Qué promesa mejor tiene usted, augusto,
siempre puro como el agua, el más honesto?
Pronto hará con su bondad el acto injusto:
su inconsciencia se pondrá de manifiesto
cuando ofrende nuestras carnes a su antojo
de querer que el uno nunca llegue al sesto.
Es un hombre, como todos un despojo
que su precio quiere darse con destreza.
Conocemos ya la fuerza de su arrojo
pues a costa de obtener nuestra riqueza
la cabeza bajará pa' que la pisen
los demonios de la envidia y la pereza.
Callará las bocas que con fuerza exigen
lo que su boca mayor les prometía
mientras otras bocas de oro dolor fingen
pues, ¿qué diente faltará a quien ya mordía
su hueso tamaño mundo empoderado
y hoy muerde el que su ambición siempre quería?
Pocos huesos nuestra patria ha regalado...
mejor dicho, pocos quedan tras la apuesta
que gana siempre el más grande y más dentado.
¿Por qué debe de perder quien sólo apuesta
su ilusión, su desventura, su futuro
y vence quien sobre andas sube la cuesta?
Ojalá se conociera algún conjuro
que devuelva lo perdido al perdedor
que no fuera la escalada de un gran muro
o el regreso a las mentiras del amor:
“Por mi patria, por mi tierra y mis hermanos...
¡Que esta tierra me denuncie algún error...!”.
Tanto va el cántaro al pozo... De las manos
de Dios siempre escapa el diablo... Al nopal
no se le quita lo verde... Ciudadanos,
bien sabemos nuestro bien y nuestro mal,
¿y qué hacemos con los rostros apagados?,
¿esperamos un futuro más fatal?
Boca muda de verdad, ojos vedados,
manos que no luchan, mentes embotadas.
¿Quién habrá de perdonar nuestros pecados?
Si tenemos nuestras manos amarradas,
¿cómo habrá de bajar la justicia misma
a esta tierra de injusticias acalladas
por la vieja tradición: nuestro carisma
de camello bien dispuesto a nuevas cargas,
nuestro gusto predilecto del sofisma
más que del dolor y de las caras largas?
Señor nuestro, ¿de nosotros qué usted sabe?
Bien sabemos de sus dones: manos-largas,
un amor por esta tierra que no cabe,
corazón grande como un mar de esperanza,
la fuerza de los ancestros —nunca acabe,
ni lo quiera Dios. Que incline la balanza
para que su vida larga como el Nilo
sea—, intachable, fuerte de templanza...
Sin embargo, de su pecho sale un hilo,
¡y sus manos! ¡Ay, mi Dios! ¡No sea cierto
que quien es el salvador ya tenga filo...!
¿Qué usted sabe de este mundo tan incierto
que nos pega fuerte si más bajo estamos;
infinito como inhóspito desierto;
infranqueable, no importa lo que queramos;
deshonesto, no importa dónde se mire;
descompuesto, no importa si lo ignoramos.
Si en verdad es el correcto nunca gire
la vista a otros horizontes más lejanos,
nunca apueste a su verdad, tampoco admire
la fuerza que le han cedido nuestras manos.
Nunca olvide que el poder nos pertenece
a pobres, enfermos, mujeres, ancianos...
El respeto lo gana quien lo merece.
No es justicia si no es justo para todos.
Y si no es el indicado no enfierece.
Deje, pues, de mentir hasta por los codos.
____________________________________
Puebla, México. 26 de junio de 2018
Escrito durante un embotellamiento.
Con motivo de las próximas elecciones.
siempre puro como el agua, el más honesto?
Pronto hará con su bondad el acto injusto:
su inconsciencia se pondrá de manifiesto
cuando ofrende nuestras carnes a su antojo
de querer que el uno nunca llegue al sesto.
Es un hombre, como todos un despojo
que su precio quiere darse con destreza.
Conocemos ya la fuerza de su arrojo
pues a costa de obtener nuestra riqueza
la cabeza bajará pa' que la pisen
los demonios de la envidia y la pereza.
Callará las bocas que con fuerza exigen
lo que su boca mayor les prometía
mientras otras bocas de oro dolor fingen
pues, ¿qué diente faltará a quien ya mordía
su hueso tamaño mundo empoderado
y hoy muerde el que su ambición siempre quería?
Pocos huesos nuestra patria ha regalado...
mejor dicho, pocos quedan tras la apuesta
que gana siempre el más grande y más dentado.
¿Por qué debe de perder quien sólo apuesta
su ilusión, su desventura, su futuro
y vence quien sobre andas sube la cuesta?
Ojalá se conociera algún conjuro
que devuelva lo perdido al perdedor
que no fuera la escalada de un gran muro
o el regreso a las mentiras del amor:
“Por mi patria, por mi tierra y mis hermanos...
¡Que esta tierra me denuncie algún error...!”.
Tanto va el cántaro al pozo... De las manos
de Dios siempre escapa el diablo... Al nopal
no se le quita lo verde... Ciudadanos,
bien sabemos nuestro bien y nuestro mal,
¿y qué hacemos con los rostros apagados?,
¿esperamos un futuro más fatal?
Boca muda de verdad, ojos vedados,
manos que no luchan, mentes embotadas.
¿Quién habrá de perdonar nuestros pecados?
Si tenemos nuestras manos amarradas,
¿cómo habrá de bajar la justicia misma
a esta tierra de injusticias acalladas
por la vieja tradición: nuestro carisma
de camello bien dispuesto a nuevas cargas,
nuestro gusto predilecto del sofisma
más que del dolor y de las caras largas?
Señor nuestro, ¿de nosotros qué usted sabe?
Bien sabemos de sus dones: manos-largas,
un amor por esta tierra que no cabe,
corazón grande como un mar de esperanza,
la fuerza de los ancestros —nunca acabe,
ni lo quiera Dios. Que incline la balanza
para que su vida larga como el Nilo
sea—, intachable, fuerte de templanza...
Sin embargo, de su pecho sale un hilo,
¡y sus manos! ¡Ay, mi Dios! ¡No sea cierto
que quien es el salvador ya tenga filo...!
¿Qué usted sabe de este mundo tan incierto
que nos pega fuerte si más bajo estamos;
infinito como inhóspito desierto;
infranqueable, no importa lo que queramos;
deshonesto, no importa dónde se mire;
descompuesto, no importa si lo ignoramos.
Si en verdad es el correcto nunca gire
la vista a otros horizontes más lejanos,
nunca apueste a su verdad, tampoco admire
la fuerza que le han cedido nuestras manos.
Nunca olvide que el poder nos pertenece
a pobres, enfermos, mujeres, ancianos...
El respeto lo gana quien lo merece.
No es justicia si no es justo para todos.
Y si no es el indicado no enfierece.
Deje, pues, de mentir hasta por los codos.
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Puebla, México. 26 de junio de 2018
Escrito durante un embotellamiento.
Con motivo de las próximas elecciones.