child-of-the-grave
Poeta adicto al portal
Poema en el desierto de mi mano
Recorro el camino
de mi brazo
hasta desembocar
en el desierto
de mi mano.
Me paro en la duna
de su umbral
y contemplo:
quebradas
arrugan el suelo
y se tragan,
egoístas,
la sombra.
La arena taciturna
parece rogar al alba
su rocío afable,
pero puedo ver
en sus poros
que saborea
la fatalidad
de su destino:
todo se evapora
en la aridez
de su palma.
Pero en el medio
adivino una depresión
hacia donde todo
fluye impasible.
¡Un oasis!
gritan mis labios,
ordenándole
a mis pies
derrumbarse
y a mi cuerpo,
rodar.
Entonces caigo,
fluyo como
la arena
impulsada
por el viento
hasta el centro
del yermo.
Hay confusión,
un tumulto
de partículas
me envuelve
y pretende
arrastrarme.
Me niego,
me aferro
al desierto.
Quiero florecer
en una piedra,
quiero ser
la prueba.
Me arrastro
hasta el centro
y veo al agua
fugándose
por los dedos,
cayendo al vacío.
Se escurre
mi única
fuente de vida,
arjé de mi
tiempo nonato
que se evapora
ante mis ojos.
No bastan
las lágrimas
ni la sombra
de las pestañas,
siquiera
la lastima
es suficiente.
Sólo queda
una opción,
lo sé.
Es mi única
posibilidad.
Agarro un puñado
de arena, escudriño
su infinito y lo arrojo
al viento
Vuela,
se fragmenta
y se esparce.
Me dirijo
hacia la grieta
que bebe
la sombra
y salto en busca
de agua,
disfrutando
la oscuridad,
con sombrías
esperanzas
de semilla
de germinar
en el tiempo.
Recorro el camino
de mi brazo
hasta desembocar
en el desierto
de mi mano.
Me paro en la duna
de su umbral
y contemplo:
quebradas
arrugan el suelo
y se tragan,
egoístas,
la sombra.
La arena taciturna
parece rogar al alba
su rocío afable,
pero puedo ver
en sus poros
que saborea
la fatalidad
de su destino:
todo se evapora
en la aridez
de su palma.
Pero en el medio
adivino una depresión
hacia donde todo
fluye impasible.
¡Un oasis!
gritan mis labios,
ordenándole
a mis pies
derrumbarse
y a mi cuerpo,
rodar.
Entonces caigo,
fluyo como
la arena
impulsada
por el viento
hasta el centro
del yermo.
Hay confusión,
un tumulto
de partículas
me envuelve
y pretende
arrastrarme.
Me niego,
me aferro
al desierto.
Quiero florecer
en una piedra,
quiero ser
la prueba.
Me arrastro
hasta el centro
y veo al agua
fugándose
por los dedos,
cayendo al vacío.
Se escurre
mi única
fuente de vida,
arjé de mi
tiempo nonato
que se evapora
ante mis ojos.
No bastan
las lágrimas
ni la sombra
de las pestañas,
siquiera
la lastima
es suficiente.
Sólo queda
una opción,
lo sé.
Es mi única
posibilidad.
Agarro un puñado
de arena, escudriño
su infinito y lo arrojo
al viento
Vuela,
se fragmenta
y se esparce.
Me dirijo
hacia la grieta
que bebe
la sombra
y salto en busca
de agua,
disfrutando
la oscuridad,
con sombrías
esperanzas
de semilla
de germinar
en el tiempo.