POEMA IV
Yo, poeta calcinado en la intemperie
de tus sedes nocturnas,
en la arista de tu faz
donde emerge diáfana
la luz del día.
Te ofrendo mis palabras
la vastedad de mi pecho,
la geografía de mis tardes
la fuga de mis sueños.
En la última sombra
donde se cuajan las glicinas
bañadas de silencio
te ofrendo el murmullo
de mi corazón,
la sombra rubia
donde suena el arpa
desasida de desvelos.
Yo, poeta de largos sueños
te ofrendo el cáliz virgen
de mis palabras
y la sístole de mi sangre
que respira tu piel.
EBAN
de tus sedes nocturnas,
en la arista de tu faz
donde emerge diáfana
la luz del día.
Te ofrendo mis palabras
la vastedad de mi pecho,
la geografía de mis tardes
la fuga de mis sueños.
En la última sombra
donde se cuajan las glicinas
bañadas de silencio
te ofrendo el murmullo
de mi corazón,
la sombra rubia
donde suena el arpa
desasida de desvelos.
Yo, poeta de largos sueños
te ofrendo el cáliz virgen
de mis palabras
y la sístole de mi sangre
que respira tu piel.
EBAN
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