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Poema Póstumo

AMANT

Poeta adicto al portal
Ahora, no puedo dejarte riquezas,
porque nada tengo.
Me gasté la vida
cual si fuera dinero.
Me la acabé de pronto,
_La despilfarré_.
Y cuando me di cuenta…
nada quedaba en los bolsillos rotos.

Ahora, no puedo dejarte riquezas...
Dejé mi vida tirada en algún lugar.
Quizá la lancé al mar
en un arranque de locura,
cegada por el deseo,
la encallé en el puerto
de la lujuria.

Ahora, mi amor,
no me llores,
no me pienses,
no me sueñes
_No me ames_.
He muerto...
Culminé esta existencia .
Devoré la fruta de la vida
y, de ésta, sólo quedó la semilla…
que se comió, ave rapaz, también el tiempo.

Ahora, no puedo dejarte riquezas,
pues todo, en el mundo, es pobreza.
Tal vez un consejo, una frase sabia,
aunque fenecen en el aire las palabras:
eres millonaria porque tienes salud y vida
_Todo depende del cristal del que se mira_
¡Cuídalas!


Llena el saco de los sueños
de diamantes, rubíes,
topacios y amatistas
en el espacio de obsidiana cultivados.
En el cofre de tus ojos,
atesora áureos amaneceres
por nubes argentadas, ornados,
y recoge las perlas de mil sonrisas
de párvulas madreperlas.

Amada mía, no sientas,
ahora, tristeza,
piensa que a donde vaya encontraré paz,
que hallaré la justicia divina
y quizá piedad.
La muerte es la única certeza,
la más segura realidad,
la nada,
esa dama de apetito insaciable
que atemoriza a la humanidad,
que abre las puertas de la eternidad
y cierra las ínfimas ventanas de la existencia.


Ahora no puedo dejarte riquezas.
Te dejaré este suspiro
que perfuma el viento,
te dejaré los recuerdos
enredados en la memoria,
los sueños compartidos,
el sabor de mis besos,
su armonía, su silencio.
No prometeré nada,
lo prometo.

Absurdo y burdo testamento
_éste que te entrego_
en las manos del destino,
así como nuestra relación
que palpita
cual corazón de un moribundo.
De mis pasos en este mundo,
las huellas se han borrado.
Mi silente transitar
pronto será olvidado.
Mi última voluntad fue:
morir entre tus brazos,
labio a labio.

Ahora no puedo dejarte riquezas,
mas que la verdaderas:
siembra amor y qué importa si odio cosechas,
y que te adoro, no olvides,
y que te amo, recuerda.
 
Última edición:
Ahora, no puedo dejarte riquezas,
porque nada tengo.
Me gasté la vida
cual si fuera dinero.
Me la acabé de pronto,
_La despilfarré_.
Y cuando me di cuenta…
nada quedaba en los bolsillos rotos.

Ahora, no puedo dejarte riquezas...
Dejé mi vida tirada en algún lugar.
Quizá la lancé al mar
en un arranque de locura,
cegada por el deseo,
la encallé en el puerto
de la lujuria.

Ahora, mi amor,
no me llores,
no me pienses,
no me sueñes
_No me ames_.
He muerto...
Culminé esta existencia .
Devoré la fruta de la vida
y, de ésta, sólo quedó la semilla…
que se comió, ave rapaz, también el tiempo.

Ahora, no puedo dejarte riquezas,
pues todo, en el mundo, es pobreza.
Tal vez un consejo, una frase sabia,
aunque fenecen en el aire las palabras:
eres millonaria porque tienes salud y vida
_Todo depende del cristal del que se mira_
¡Cuídalas!


Llena el saco de los sueños
de diamantes, rubíes,
topacios y amatistas
en el espacio de obsidiana cultivados.
En el cofre de tus ojos,
atesora áureos amaneceres
por nubes argentadas, ornados,
y recoge las perlas de mil sonrisas
de párvulas madreperlas.

Amada mía, no sientas,
ahora, tristeza,
piensa que a donde vaya encontraré paz,
que hallaré la justicia divina
y quizá piedad.
La muerte es la única certeza,
la más segura realidad,
la nada,
esa dama de apetito insaciable
que atemoriza a la humanidad,
que abre las puertas de la eternidad
y cierra las ínfimas ventanas de la existencia.


Ahora no puedo dejarte riquezas.
Te dejaré este suspiro
que perfuma el viento,
te dejaré los recuerdos
enredados en la memoria,
los sueños compartidos,
el sabor de mis besos,
su armonía, su silencio.
No prometeré nada,
lo prometo.

Absurdo y burdo testamento
_éste que te entrego_
en las manos del destino,
así como nuestra relación
que palpita
cual corazón de un moribundo.
De mis pasos en este mundo,
las huellas se han borrado.
Mi silente transitar
pronto será olvidado.
Mi última voluntad fue:
morir entre tus brazos,
labio a labio.

Ahora no puedo dejarte riquezas,
mas que la verdaderas:
siembra amor y qué importa si odio cosechas,
y que te adoro, no olvides,
y que te amo, recuerda.



Un poema lleno de imágenes profundas,
de lineas melancólicas y dolorosas,
Muy lindo tu versar.
Un placer pasar.
Un beso:::hug:::
 
lo he leido dos veces para poder entenderlo mejor.... creo que si he llegado a comprenderlo, y más siendo las grandes charlas que tuvimos en antaño y las letras que he compartido leyendonos mutuamente... siempre has sido pasional en tus poemas, has dado de ti muchas emociones que otros no atrevían a escribir... y siempre con la naturalidad, la espontaneidad que te caracteriza... y mira que te he leido, bien lo sabes, pero en este poema me has dejado un sabor agridulce en cuánto a las sentimientos que tienes... Por otro lado, en cuánto al poema: "chapeau", porque has deshojado perfectamente lo que tu interior siente.
Espero poder charlar contigo pronto.
Un abrazo.
 
Ahora, no puedo dejarte riquezas,
porque nada tengo.
Me gasté la vida
cual si fuera dinero.
Me la acabé de pronto,
_La despilfarré_.
Y cuando me di cuenta…
nada quedaba en los bolsillos rotos.

Ahora, no puedo dejarte riquezas...
Dejé mi vida tirada en algún lugar.
Quizá la lancé al mar
en un arranque de locura,
cegada por el deseo,
la encallé en el puerto
de la lujuria.

Ahora, mi amor,
no me llores,
no me pienses,
no me sueñes
_No me ames_.
He muerto...
Culminé esta existencia .
Devoré la fruta de la vida
y, de ésta, sólo quedó la semilla…
que se comió, ave rapaz, también el tiempo.

Ahora, no puedo dejarte riquezas,
pues todo, en el mundo, es pobreza.
Tal vez un consejo, una frase sabia,
aunque fenecen en el aire las palabras:
eres millonaria porque tienes salud y vida
_Todo depende del cristal del que se mira_
¡Cuídalas!


Llena el saco de los sueños
de diamantes, rubíes,
topacios y amatistas
en el espacio de obsidiana cultivados.
En el cofre de tus ojos,
atesora áureos amaneceres
por nubes argentadas, ornados,
y recoge las perlas de mil sonrisas
de párvulas madreperlas.

Amada mía, no sientas,
ahora, tristeza,
piensa que a donde vaya encontraré paz,
que hallaré la justicia divina
y quizá piedad.
La muerte es la única certeza,
la más segura realidad,
la nada,
esa dama de apetito insaciable
que atemoriza a la humanidad,
que abre las puertas de la eternidad
y cierra las ínfimas ventanas de la existencia.


Ahora no puedo dejarte riquezas.
Te dejaré este suspiro
que perfuma el viento,
te dejaré los recuerdos
enredados en la memoria,
los sueños compartidos,
el sabor de mis besos,
su armonía, su silencio.
No prometeré nada,
lo prometo.

Absurdo y burdo testamento
_éste que te entrego_
en las manos del destino,
así como nuestra relación
que palpita
cual corazón de un moribundo.
De mis pasos en este mundo,
las huellas se han borrado.
Mi silente transitar
pronto será olvidado.
Mi última voluntad fue:
morir entre tus brazos,
labio a labio.

Ahora no puedo dejarte riquezas,
mas que la verdaderas:
siembra amor y qué importa si odio cosechas,
y que te adoro, no olvides,
y que te amo, recuerda.



Y, es asì como la noche hace su magia en tì,
como las estrellas juegan en tus ojos
y quizà como yo me pierdo en tus versos.
Precioso escrito; TE EXTAÑO...

Laura
 
Ahora, no puedo dejarte riquezas,
porque nada tengo.
Me gasté la vida
cual si fuera dinero.
Me la acabé de pronto,
_La despilfarré_.
Y cuando me di cuenta…
nada quedaba en los bolsillos rotos.

Ahora, no puedo dejarte riquezas...
Dejé mi vida tirada en algún lugar.
Quizá la lancé al mar
en un arranque de locura,
cegada por el deseo,
la encallé en el puerto
de la lujuria.

Ahora, mi amor,
no me llores,
no me pienses,
no me sueñes
_No me ames_.
He muerto...
Culminé esta existencia .
Devoré la fruta de la vida
y, de ésta, sólo quedó la semilla…
que se comió, ave rapaz, también el tiempo.

Ahora, no puedo dejarte riquezas,
pues todo, en el mundo, es pobreza.
Tal vez un consejo, una frase sabia,
aunque fenecen en el aire las palabras:
eres millonaria porque tienes salud y vida
_Todo depende del cristal del que se mira_
¡Cuídalas!


Llena el saco de los sueños
de diamantes, rubíes,
topacios y amatistas
en el espacio de obsidiana cultivados.
En el cofre de tus ojos,
atesora áureos amaneceres
por nubes argentadas, ornados,
y recoge las perlas de mil sonrisas
de párvulas madreperlas.

Amada mía, no sientas,
ahora, tristeza,
piensa que a donde vaya encontraré paz,
que hallaré la justicia divina
y quizá piedad.
La muerte es la única certeza,
la más segura realidad,
la nada,
esa dama de apetito insaciable
que atemoriza a la humanidad,
que abre las puertas de la eternidad
y cierra las ínfimas ventanas de la existencia.


Ahora no puedo dejarte riquezas.
Te dejaré este suspiro
que perfuma el viento,
te dejaré los recuerdos
enredados en la memoria,
los sueños compartidos,
el sabor de mis besos,
su armonía, su silencio.
No prometeré nada,
lo prometo.

Absurdo y burdo testamento
_éste que te entrego_
en las manos del destino,
así como nuestra relación
que palpita,
cual corazón de un moribundo.
De mis pasos en este mundo,
las huellas se han borrado.
Mi silente transitar
pronto será olvidado.
Mi última voluntad fue:
morir entre tus brazos,
labio a labio.

Ahora no puedo dejarte riquezas,
más que las verdaderas:
siembra amor y qué importa si odio cosechas,
y que te adoro, no olvides,
y que te amo, recuerda.



letras patrimonio de un corazón envuelto en la poesía y su seda. la gratitud que haz acumulado entre tus versos es toda la fortuna que realmente vale en este mundo.
admirable tu declaración emancipadora.
me tomé el atrevimiento de corregir un par de errores.

permíteme resaltar dos lineas que me han complacido:
"La muerte es la única certeza,
la más segura realidad".

gracias por tu escrito.
salud!
 

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